El partido de llerena a finales del XVIII

El partido de llerena a finales del XVIII

jueves, 17 de enero de 2013

ACCÉSIT PARA SALVADOR HERNÁNDEZ

       
     Nos alegramos al conocer que, dentro del concurso de monografías propuesto por el Archivo Hispalense y la Diputación Provincial de Sevilla en su edición de 2012, el Accésit de la Sección de Arte se le ha otorgado al trabajo titulado “Los talleres de escultura en madera del gótico final en Sevilla”, del que es autor Salvador Hernández González, doctor en Historia del Arte.
        Salvador acomete la investigación de estos talleres escultóricos en madera en el momento en que se está ejecutando la magna obra de la Catedral, centrándose en la gran empresa escultórica que representa la sillería del coro, verdadero banco de pruebas para un proyecto de tanta trascendencia y repercusión como es el retablo mayor, que se convirtió en modelo oficial para las iglesias de la diócesis hispalense. Al compás de los proyectos monumentales, surgen los nombres de escultores activos en la Sevilla bajomedieval, como Dancart, Jorge Fernández y Pedro Millán.

        Felicitamos a Salvador y, si aquí tratamos esta noticia, es porque el doctor Hernández González es un asiduo colaborador de las revistas de fiestas patronales de esta parte más meridional de Extremadura, participando igualmente en las Jornadas de Historia de Llerena, Fuente de Cantos y Valencia de las Torres.

        Buena muestra de ello es el curriculum que a continuación exponemos, centrándonos sólo en la producción referida a Extremadura:

         Licenciado en Geografía e Historia, sección Arte, y Doctor en Historia del Arte, por la Universidad de Sevilla. Su labor investigadora se centra en el campo de la historia local en Andalucía Occidental y la Baja Extremadura, prestando especial atención al estudio del patrimonio artístico y la religiosidad popular. En esta línea cuenta con cinco libros: Nuestra Señora del Monte, Patrona de Cazalla. Historia, Arte y Devoción (Cazalla de la Sierra, 2001); La Parroquia de Santa María de la Mesa (Zahara de la Sierra). Guía histórico – artística, en colaboración con Francisco Siles Guerrero (Diputación de Cádiz, 2003); Utrera y el terremoto de 1755. En el CCL Aniversario del Terremoto de Lisboa, y actos religiosos extraordinarios celebrados en honor de su Patrona, Nuestra Señora de Consolación (1755 – 2005) (Ayuntamiento de Utrera, 2005), Una Nao de oro para Consolación de Utrera (Ayuntamiento de Utrera, 2008), e Iglesia de las Carmelitas de Utrera. Condiciones de la obra (1604), los tres en colaboración en coautoría con Julio Mayo Rodríguez. Además ha publicado numerosas comunicaciones en diversos congresos de ámbito regional y nacional y numerosos artículos dispersos en diferentes revistas locales. Igualmente formó parte de un grupo de investigación del Departamento de Antropología de la Universidad de Sevilla, dedicado al estudio de La religión en Andalucía, bajo la dirección del profesor doctor Salvador Rodríguez Becerra. 

Trabajos sobre Extremadura:

EXTREMADURA EN GENERAL

La Provincia franciscana de San Miguel en la Baja Extremadura y su contribución a la evangelización de América”, en El Franciscanismo en la Península Ibérica. Balance y perspectivas. I Congreso Internacional. Asociación Hispánica de Estudios Franciscanos, Barcelona, 2005. Págs. 773 – 783. ISBN 84 – 88538 – 19 – 7.

AZUAGA
2001
“Azuaga en la ` Descripción e historia general de la provincia de Extremadura ´ de Fray Francisco de Coria (1608)”, en Revista de Feria y Fiestas de Azuaga (2001), págs. 113 – 115.
2002
“La visión de Azuaga en los diccionarios histórico – geográficos (siglos XVII – XIX)”, en Revista de Feria y Fiestas de Azuaga (2002), págs. 131 – 136.
2003
“El patrimonio monumental de Azuaga a través de la historiografía artística: aproximación bibliográfica”, en Revista de Feria y Fiestas de Azuaga (2003), págs. 103 – 110.
2004
“Un aporte documental para la historia del convento de Nuestra Señora de la Merced de Azuaga: fundación de capellanía con capital indiano en el siglo XVII”, en Revista de Feria y Fiestas de Azuaga (2004), págs. 149 – 150.
2005
La Parroquia de Nuestra Señora de Consolación de Azuaga y la emigración a América: fundaciones de capellanías y donaciones artísticas con capital indiano durante los siglos XVI y XVII”, en Revista de Feria y Fiestas de Azuaga (2005), págs. 171 – 174.
2006
“El convento de Nuestra Señora de la Merced de Azuaga”, en Revista de Feria y Fiestas de Azuaga (2006). Págs. 193 – 196.
2007
“El patrimonio artístico de Azuaga en la Fototeca del Laboratorio de Arte de la Universidad de Sevilla”, en Revista de Feria y Fiestas de Azuaga (2007). Págs. 95 – 97.
2008
“Documentación sobre Azuaga en el Archivo de la Real Chancillería de Granada”, en Revista de Feria y Fiestas de Azuaga (2008).
2009
“Un intento de derribo del castillo de Azuaga a comienzos del siglo XX”, en Revista de Feria y Fiestas de Azuaga (2009), pág. 107. ISSN 1137 – 5825.
2010
“Documentación medieval sobre Azuaga en el Archivo General de Simancas: el Registro General del Sello”, en Revista de Feria y Fiestas de Azuaga (2010), págs. 101 – 102.
2011
“Azuaga en la Comisión de Antigüedades de la Real Academia de la Historia”, en Revista de Feria y Fiestas de Azuaga (2011), págs. 89 – 90. ISSN 1137 – 5825.
2012
“Documentación sobre Azuaga en la colección Salazar y Castro de la Real Academia de la Historia”, en Revista de Feria y Fiestas de Azuaga y la Cardenchosa (2012), págs. 85 – 87. ISSN 1135 – 6456.

FUENTE DE CANTOS
2002
“Pasajeros de Fuente de Cantos, ante la vida y la muerte”, en Actas de las II Jornadas de Historia de Fuente de Cantos. Ayuntamiento de Fuente de Cantos, 2002. Págs. 112 – 122.
2003
“El patrimonio monumental de Fuente de Cantos a través de la historiografía artística: aproximación bibliográfica”, en Actas de las IV Jornadas de Historia de Fuente de Cantos. Diputación de Badajoz, 2003. Págs. 123 – 137.
2004
“El convento de la Concepción de Fuente de Cantos a comienzos del siglo XVII”, en Actas de las V Jornadas de Historia de Fuente de Cantos. Diputación de Badajoz, 2005. Págs. 77 – 141.
2006
“Fuente de Cantos en los diccionarios histórico – geográficos (siglos XVII – XIX)”, en Actas de las VI Jornadas de Historia de Fuente de Cantos. Diputación de Badajoz, 2006. Págs. 217 – 236.

LLERENA
1999
“Llerena a comienzos del siglo XIX, a través del Viaje a Extremadura (1801) del sevillano Justino Matute”, en Revista de Fiestas Mayores Patronales (1999), págs. 32 – 34. ISSN 1135 – 6456.
2000
“Notas para la historia del desaparecido convento de Santo Domingo de Llerena: una donación de platería indiana en 1640”, en Revista de Fiestas Mayores Patronales (2000), págs. 65 – 66. ISSN 1135 – 6456.
“Fuentes bibliográficas para el estudio de la historia de Llerena: Diccionarios histórico – geográficos” [en colaboración con Francisco Javier Gutiérrez Núñez], en Actas de la I Jornada de Historia de Llerena. Junta de Extremadura, Llerena, 2000. Págs. 163 – 172. ISBN 84 – 95251 – 43 – 4.
2001
“Llerena en la Descripción e historia general de la provincia de Extremadura ”, en Revista de Fiestas Mayores Patronales (2001), págs. 45 – 48. ISSN 1135 – 6456.
“El patrimonio monumental de Llerena a través de la historiografía artística: aproximación bibliográfica”, en Actas de la II Jornada de Historia de Llerena. Junta de Extremadura, Llerena, 2001. Págs. 203 – 221. ISBN 84 – 95251 – 59 – 0.
2002
“Notas en torno a los franciscanos de Llerena y su participación en la evangelización de América durante los siglos XVI al XVIII”, en Revista de Fiestas Mayores Patronales (2002), págs. 43 – 46. ISSN 1135 – 6456.
“Noticias en torno a la Orden de la Merced en Llerena: de la fundación del Hospicio mercedario a la instalación en el antiguo Colegio de los Jesuitas (1626 – 1791)”, en Actas de la III Jornada de Historia de Llerena. Sociedad Extremeña de Historia, Llerena, 2002. Págs. 209 – 221. ISBN 84 – 607 – 6295 – 5.
2003
“El cisma del Priorato de San Marcos de León y la extinción del Provisorato de Llerena: su repercusión en los enclaves santiaguistas de la provincia de Sevilla”, en Torre Túrdula nº 6 (enero de 2003), págs. 36 – 38.
“Notas históricas en torno a la llegada del ferrocarril a Llerena: la Compañía MZA y la línea de Sevilla a Mérida”, en Torre Túrdula nº 7 (agosto de 2003), págs. 21 – 23.
“Presencia y culto de la advocación de Nuestra Señora de la Granada en Sevilla”, en Revista de Fiestas Mayores Patronales (2003), págs. 85 – 86. ISSN 1135 – 6456.
2004
“El Hospital de San Juan de Dios de Llerena”, en Torre Túrdula nº 8 (febrero de 2004), págs. 16 – 18.
“Llerena en los textos impresos de los siglos XVII, XVIII y XIX: una bibliografía olvidada”, en Torre Túrdula nº 9 (agosto de 2004), págs. 28 – 29.
“Una aportación para el estudio de la religiosidad popular en la Llerena del siglo XVIII: la beata Isabel Manuel de la Cruz y la fundación del Rosario público”, en Revista de Fiestas Mayores Patronales (2004), págs. 27 – 30. ISSN 1135 – 6456.
“Una aportación documental para el estudio de la religiosidad popular en la Llerena del siglo XVII: la cofradía de Nuestra Señora de la Soledad a través de sus Reglas de 1650”, en Actas de las V Jornadas de Historia en Llerena. Sociedad Extremeña de Historia, Llerena, 2004. Págs. 217 – 233. ISBN 84 – 609 – 4105 – 1.
2005
“Los conversos de Llerena y el libro del Alborayque: su representación alegórica en la sillería del coro de la Catedral de Sevilla”, en Torre Túrdula nº 10 (enero de 2005), págs. 24 – 25.
“Llerena y la emigración a América durante la Edad Moderna: fundaciones de capellanías y donaciones artísticas con capital indiano (1ª parte: el siglo XVI)”, en Torre Túrdula nº 11 (julio de 2005), págs. 14 – 15.
“Los dominicos en Llerena y el desaparecido convento de San Antón: crónica de una huella perdida”, en Revista de Fiestas Mayores Patronales (2005). Págs. 43 – 46. ISSN 1135 – 6456.
“Religiosidad marginal y contrarreforma: ermitas rurales en la Llerena del siglo XVI”, en Actas de las VI Jornadas de Historia en Llerena. Marginados y minorías en la España Moderna y otros estudios sobre Extremadura. Sociedad Extremeña de Historia, Llerena, 2005. Págs. 195 – 207. ISBN 13: 978 – 84 – 611 – 0399 – 7.
2006
“Llerena y la emigración a América durante la Edad Moderna: fundaciones de capellanías y donaciones artísticas con capital indiano (2 ª parte: el siglo XVII)”, en Torre Túrdula nº 12 (enero de 2006), págs. 21 – 23.
“Un nombramiento de familiar del Santo Oficio de la Inquisición de Llerena”, en Torre Túrdula nº 13 (julio de 2006). Págs. 38 – 40.
“Documentación sobre Llerena en el Archivo Histórico Municipal de Sevilla”, en Revista de Fiestas Mayores Patronales (2006). Págs. 17 – 21. ISSN 1135 – 6456.
2007
“Documentación sobre Llerena en el archivo de la Real Chancillería de Granada”, en Revista de Fiestas Mayores Patronales (2007). Págs. 20 – 26. ISSN 1135 – 6456.
2009
“El franciscano Juan Mateo Reyes Ortiz de Tovar y los Partidos Triunfantes de la Beturia Túrdula: un ejemplo de la divulgación de la historia de Extremadura a través de la corografía regional”, en La divulgación de la Historia. Y otros estudios sobre Extremadura. (X Jornadas de Historia en Llerena). Sociedad Extremeña de Historia, Llerena, 2009. Págs. 65 – 77. ISBN 978 – 84 – 613 – 9412 – 8.
2011
“Documentación medieval sobre Llerena en el Archivo General de Simancas: el Registro General del Sello”, en Revista de Fiestas Mayores Patronales (2005). Págs. 175 – 180. ISSN 1135 – 6456.
2012
“Documentación sobre Llerena en la colección Salazar y Castro de la Real Academia de la Historia”, en Revista de Fiestas Mayores Patronales (2012), págs. 123 – 126. ISSN 1135 – 6456.

SEGURA DE LEON
2000
“Segura de León y la emigración a América: fundación de capellanías con capital indiano en el Convento de San Francisco (Cristo de la Reja) durante el siglo XVII”, en Revista de Fiestas del Santo Cristo de la Reja (2000). Sin paginar.
2002
“Notas para la historia de la ermita de Nuestra Señora de los Remedios de Segura de León: un donativo indiano en 1608”, en Revista de Fiestas del Santo Cristo de la Reja (2002). Págs. 33 – 34.
2003
“Notas en torno a los franciscanos de Segura de León y su participación en la evangelización de América durante los siglos XVI al XVIII”, en Revista de Fiestas del Santo Cristo de la Reja (2003). Págs. 40 – 41.
2004
“El mecenazgo del indiano Francisco Martínez Tinoco en la parroquia de Segura de León en el siglo XVII”, en Revista de Fiestas del Santo Cristo de la Reja (2004), págs. 37 – 39.
2005
“Pasajeros a Indias de Segura de León en el siglo XVI (1ª parte)”, en Revista de Fiestas del Santo Cristo de la Reja (2005), págs. 39 – 41.

TENTUDIA
“Aportaciones al estudio de la comarca de Tentudía: bibliografía histórico – geográfica, siglos XVIII – XIX (I y II)” [en colaboración con GUTIERREZ NUÑEZ, Francisco Javier], en Actas del I Congreso de la Memoria Colectiva de Tentudía. Monesterio, 2001. Págs. 407 – 437.

ZAFRA
1999
“Zafra a comienzos del siglo XIX, a través del Viaje a Extremadura (1801) del sevillano Justino Matute”, en Zafra y su Feria (1999). Sin paginar.
2000
“Notas para la historia del Convento del Rosario de Zafra: fundación de capellanía con capital indiano en 1640”, en Zafra y su Feria (2000). Sin paginar.
2001
“Notas en torno a los franciscanos de Zafra y su participación en la evangelización de América durante los siglos XVI al XVIII”, en Zafra y su Feria (2001). Sin paginar.
2004
“Zafra en los textos impresos de los siglos XVII y XVIII”, en Zafra y su Feria (2004). Sin paginar.
2005
“Zafra en los diccionarios histórico – geográficos (siglos XVII – XIX) (I)”, en Zafra y su Feria (2005). Sin paginar.
2006
“Zafra en los diccionarios histórico – geográficos (siglos XVII – XIX) (II)”, en Zafra y su Feria (2006). Págs. 61 – 69.
2007
“Documentación sobre Zafra en el Archivo de la Real Chancillería de Granada”, en Zafra y su Feria (2007). Págs. 87 – 90.
2008
“Semblanza de Zafra a mediados del siglo XVIII, por Ascencio de Morales”, en Zafra y su Feria (2008). Págs. 69 – 72.
2009
“En torno a un documento para la Historia del Arte en Zafra: una escultura de San Francisco de Asís del imaginero Francisco Antonio Ruiz Gijón”, en Zafra y su Feria (2009). Págs. 57 – 59.
2010
“Documentación medieval de Zafra en el Archivo General de Simancas: el Registro General del Sello”, en Zafra y su Feria (2010). Págs. 86 – 88.
2012
“Documentación sobre Zafra en la colección Salazar y Castro de la Real Academia de la Historia”, en Zafra y su Feria (2012). Págs. 117 – 122.

martes, 1 de enero de 2013

DIPUTACIÓN PROVINCIAL DE BADAJOZ

    
      Felicitamos efusivamente desde este blogs a la Diputación Provincial de Badajoz, es decir, a sus funcionarios y a D. Valentín Cortés Cabanillas, su presidente, por la acertada iniciativa de digitalizar y poner en la RED una buena parte de los archivos municipales de ciertos pueblos de la provincia, así como las Actas de las sesiones de esta institución y los Boletines conservados desde 1835.
     Entendemos que es la mejor manera de poner a disposición de la ciudadanía la Historia de la provincia y sus pueblos, especialmente de aquellos ciudadanos con inquietudes por su investigación, a quienes simplifica extraordinariamente la consulta de tan importantes fondos documentales.
     Esta magnífica disposición está iniciada, y ya en fase avanzada, pero no concluida, por lo que esperamos que culmine con éxito garantizado, pues acercar la Historia al ciudadano es una buena manera de enmendar errores del pasado y de reincidir en los aciertos o, en su ausencia, inventarlos.
     En efecto, en la página WEB de nuestra diputación, en su apartado de Cultura (barra superior) y subapartado Archivo Provincial, en la ventana que se abre en el margen izquierdo se nos presenta la oportunidad de accionar sobre el Archivo Digital.
     A partir de entonces, se nos ofrecen tres posibilidades:
- 01: Fondos públicos, que recogen las Actas de la diputación y otros documentos.
- 03: Fondos/Colecciones privadas.
- 04: Fondos municipales.
     Sin desmerecer a los anteriores, seguramente es este último apartado el más interesante, recogiendo las Actas Capitulares de numerosos pueblos, en algunos casos desde finales del XVI hasta fechas próximas a las actuales. Aunque con menos frecuencia, además se nos presenta la oportunidad de entrar en otras secciones dedicadas a las Ordenanzas Municipales, deslindes, disposiciones recibidas de la superioridad, etc.
     Interesante también, la digitalización de los boletines provinciales, otra de las posibilidades que se nos ofrece en el margen izquierdo, especialmente para acercarnos a la Historia de los pueblos en cuyos archivos sólo se recogen noticias del siglo XX (su localización es semejante a la anterior).
     Por lo contrario, una vez más, lamentamos la dificultad que entraña acceder a los fondos del Archivo Diocesano, la fuente más importante de información sobre la Historia de esta provincia. Ya está abierto el camino que deben seguir.

jueves, 20 de diciembre de 2012

MALCOCINADO Y EL BANDOLERISMO DEL SIGLO XIX

Bandoleros, según Goya 

El bandolero, salteador, proscrito o forajido era una persona armada dedicaba al robo por asalto, al pillaje, al contrabando y al secuestro. Asociados en cuadrillas, asaltaban a los viajeros y arrieros que discurrían por zonas poco transitadas.
El bandolerismo fue un mal secular y endémico en España, con un repunte extraordinario a partir de la segunda década del XIX, al incorporase a la delincuencia  las cuadrillas de guerrillerros procedentes de la Guerra de la Independencia que no encontraron acomodo en el ejército regular. De esta circunstancia deriva el tratamiento, a veces romántico, que tuvo en su época, ocultando su verdadero significado, es decir, la crueldad que intentamos explicar a través del caso que nos ocupa.
En el Boletín de la Provincia de Badajoz (órgano oficial de expresión y comunicación del gobierno, sus delegaciones provinciales y los ayuntamientos que la integraban) correspondiente al segundo cuarto del XIX,  se recogían con excesiva frecuencia anuncios de robos y órdenes de busca y captura de numerosos bandidos y asaltantes de caminos y haciendas, dando señas o descripciones de los maleantes, de los animales y de los enseres robados, así como de otras circunstancias específicas de cada caso. La frecuencia de estos anuncios era de tal magnitud, que hemos de entender que el bandidaje estaba bien asentado en nuestra provincia y sus alrededores.
 Buena prueba de ello fue el caso de las correrías de una banda organizada, respaldada y capitaneada por el alcalde de Malcocinado (Francisco Grueso) y por el secretario de su ayuntamiento (Manuel del Río), que se movía con comodidad por el entorno de este pueblo serrano, aislado y mal comunicado,  circunstancias que facilitaban sus fechorías y encubrimiento.
El pillaje de esta partida traía de cabeza a las autoridades de la provincia y atemorizado a los vecinos de los pueblos de la sierra sur badajocense, hasta que se presentó el hecho fortuito del 17 de agosto de 1850. En dicho día, unos cazadores azuagueños avistaron a varios desconocidos, que parecían acampados en un paraje recóndito de lo más abrupto de la sierra. Apostados a una prudente distancia, pudieron contar hasta seis personas, más una séptima, postrada, como si estuviese dormida.
Estaban en estas observaciones, cuando a lontananza detectaron a otras dos que, a caballo por el camino que venía desde Malcocinado, se dirigían sin titubeos en dirección al grupo vigilado. Tras saludarse, los dos jinetes descargaron de sus monturas unas alforjas que, con cierta vehemencia, fueron recogidas y vaciadas por los acampados, mientras que los recién llegados se dirigieron a aquel otro que parecía dormido, incorporándolo sin miramientos, como si le demandaran algo.
Sigilosos, los cazadores, que conocían de los numerosos actos de bandidaje cometidos por aquellos lares, incluido el secuestro de un rico hacendado cordobés, decidieron retornar a Azuaga, alarmar a sus convecinos y dar parte de lo observado a la Guardia Civil, cumpliendo así con las consignas dadas por las autoridades provinciales y locales a través de distintos bandos.


La Guardia Civil tomó inmediatamente cartas en el asunto, con notable éxito, según hemos podido detectar en las crónicas que cuentan las hazañas de este instituto armado (9º tercio de la guardia civil gcivil.tripod.com/anterior/cap42.html-historia de la Guardia Civil). En relación al caso que nos ocupa, dichas crónicas recogieron lo que sigue:
En el mes de agosto (1850) apareció en la provincia de Córdoba una cuadrilla de ladrones, la cual se extendió por Sierra Morena hacia la parte de Azuaga y Malcocinado, pertenecientes á la provincia de Badajoz. Para exterminarla hubo necesidad de reunir en el partido de Llerena diez guardias de caballería que operasen reunidos á los seis de infantería de dicho puesto. El cabo comandante del puesto de Llerena, José Martínez, desplegando la mayor actividad y celo, descubrió que estaban en complicidad con los ladrones y eran partícipes de los robos dos individuos del Ayuntamiento de Malcocinado, á los cuales puso presos y á disposición del Juzgado de Llerena. El Alcalde en el acto de prenderlo ofreció mil duros al cabo Martínez para que le dejara en libertad, que fueron rechazados con la dignidad propia de un guardia civil. Fue ascendido por tan honrosísimo comportamiento al empleo inmediato.

El 30 de agosto de 1850, D. Manuel Ceferino González, juez de primera instancia de Llerena, tras un primer informe de la Guardia Civil ya anunció la iniciación de autos sobre ciertos hechos de bandidaje que se venían produciendo en el ámbito de su jurisdicción y otras colindantes. Las pruebas recogidas apuntaban especialmente al alcalde (Francisco Grueso) y al secretario (Manuel Río) de Malcocinado, a quienes consideraba como cabecillas conniventes, protectores y ocultadores de la partida de bandoleros responsable de los actos delictivos. Dicho aviso salió publicado en el Boletín Provincial correspondiente al 8 de septiembre de dicho año, según el texto que sigue:
Días después, el 7 de septiembre, ahora con el expediente de instrucción en fase más avanzada, por aviso inserto en el boletín provincial del día 15 del mismo mes, el referido juez de Llerena emplazaba a algunos de los componentes de la partida de malhechores acaudillados por las autoridades de Malcocinado citadas, dando ciertas referencias o señales de los mismos. Es preciso indicar que, salvo el alcalde y el secretario, ninguno de los otros era natural de Malcocinado, ni de los pueblos del entorno, aunque sí señalaba el juez a esta última población como el lugar de refugio habitual y seguro de los malhechores, habilitados logística y jurídicamente por las autoridades citadas, quienes, sin pedir los informes precisos, aceptaron sus avecindamientos en la villa, proporcionándoles, además, los salvoconductos y pasaportes necesarios para que pudieran desplazarse de uno a otro lugar, como se de personas honradas se tratase. Es más, al parecer los forajidos habían sido reclutados expresamente para estos efectos por el tal Francisco Grueso que, siendo hacendado, quería fortalecer su posición con el producto de sus fechorías.
El emplazamiento al que nos referimos decía así:

Tras nuevos avances en la investigación, insiste el juez llerenense publicando el 13 de septiembre del mismo año un edicto de búsqueda y captura, edicto que vino recogido en el boletín oficial del 11 octubre. Por su redacción, entendemos que ya estaban presos los cabecillas, el alcalde y secretario que nos ocupan, pero no el resto de la partida. Por ello, en el edicto se aportaban datos o señas personales más precisas que las anteriores sobre tres de ellos, admitiendo que al menos existían otros cuatro imputados, de los que sólo se conocía sus nombres. Aprovechaba la ocasión para reclamar el buen proceder de las autoridades de los pueblos del entorno, a quienes se les conminaba a  vigilar los términos de su jurisdicción, dando cuenta de cualquier persona sospechosa.
Que sepamos, ésta fue la última intervención del juez de Llerena pues, al tratarse de un asunto de excesiva envergadura,  tomó cartas en el mismo el jefe político del gobierno de la provincia de Badajoz (antecesor de los futuros gobernadores provinciales). Éste último, a través del boletín provincial del 12 diciembre de 1850 y mediante la circular número 531, dio orden de busca y captura de numerosos malhechores, entre los que se encontraban algunos de los bandidos que nos ocupan, todos naturales de Herrera (Sevilla) y con licencia de armas y pasaportes obtenidos en Malcocinado. Textualmente, y en la parte que nos corresponde:

Hasta aquí, las referencias oficiales que hemos podido recabar sobre esta partida de bandidos. Más adelante, los periódicos de la época, con un año de retraso y seguramente con la intención de captar lectores, dieron una interpretación algo sensacionalista del asunto, mostrando simpatías por el juez de Llerena y enfatizando sobre los hechos delictivos y la participación en los mismos de personas teóricamente serias y de bien, como se le debía suponer al alcalde y secretario de Malcocinado.

Fueron muchos los periódicos de la época que se hicieron eco de los hechos descritos, cargando las tintas especialmente contra las autoridades de Malcocinado. Hemos seleccionando el texto incluido en La Época (03/08/1851), similar al que aparecía en La Esperanza (27/06/1851), ambos de Madrid. En este último decían lo que sigue:
 Del Faro Nacional del 25,  tomamos lo siguiente:
Ha llegado á nuestra noticia la notable causa formada en agosto del año próximo pasado en el juzgado de primera instancia de Llerena, contra una cuadrilla de bandidos que cometían toda clase de robos en aquel partido y en los inmediatos: El interés de esta causa y el exquisito celo que ha desplegado en ella el juez del partido, don Manuel Ceferino González, merecen que de ella demos una breve noticia a nuestros lectores.
Toda la diligencia, todo el celo que por las autoridades superiores de Badajoz y Córdoba, y por los juzgados de Fuente Ovejuna, Cazalla y Llerena se desplegaba para la captura de los malhechores que tenían en continua alarma e inquietud a todos los pueblos colindantes y enclavados en la falda de Sierra Morena se estrellaban en los bien calculados planes que había fraguado el alcalde de Malcocinado, director y jefe de aquellos.
Vehementes sospechas recaían contra el mismo y no había una evidencia casi completa de que era el patrocinador de los bandidos, pero era tal su destreza, su práctica y maestría, que frustraba todas las investigaciones
Crecía en osadía y multiplicabase a medida que sus bien calculadas disposiciones correspondían a sus planes; Dios, sin embargo, que consiente el mal temporal y no para siempre, dispuso en sus altos juicios que la perversidad de un hombre tan siniestro y perjudicial a la sociedad, se descubriese en agosto del año próximo pasado por un incidente tan casual como curioso.
No saciada la codicia del referido alcalde con haberse creado de esta manera una gran fortuna, proyectó otros medios de engrandecerse mas transcendentales y lucrativos. De acuerdo con cierto sujeto de Córdoba, resolvió apoderarse de un rico personaje de la misma ciudad, para exigir una crecida suma por su rescate. Al efecto, tomó las oportunas disposiciones y, no teniendo en Malcocinado la gente que necesitaba para tamaña empresa, mandó dos vecinos procesados y prófugos de varias cárceles que residían en este pueblo bajo su protección salir a la Olla de Málaga a avistarse con otros y convenirse, según sus instrucciones para dar el golpe acordado.
Verificose como se había dispuesto, y en un cortijo inmediato a Córdoba fue aprehendido el desgraciado don Antonio Moñino, a quien, vendándole los ojos con una badana, lo retuvieron  muchos días en su poder, intimando a sus padres que aportasen 5.000 duros por la libertad do su hijo.
Habían trascurrido varios días durante los cuales el infeliz Moñíno sufría las mayores amarguras en poder de aquellos hombres, haciendo una vida nómada por lo más escabroso de Sierra Morena y sin que bastase el celo desplegado por todas las autoridades a descubrir su paradero, hasta que quiso Dios que el 17 de agosto del año próximo pasado, saliendo a cazar varios sujetos de Azuaga, pueblo del partido de Llerena, se encontrase con los ladrones en el arroyo de un monte escabrosos siendo aquellos en número de seis y hallándose en su compañía el alcalde de Malcocinado que los llevaba víveres, todos los cuales custodiaban al Moñino en un sitio oculto e inmediato entre unas adelfas.
Los cazadores regresaron por la noche a sus pueblos donde contaron lo ocurrido, y llegando a noticia del juez de Llerena procedió en el momento, y sin levantar mano, a la formación de causa. Su primera providencia fue la prisión del alcalde de Malcocinado, la cual produjo tan felices resultados, que el desgraciado Moñino recobró su libertad en el momento, sin duda porque los bandidos que estaban asegurados de su persona se hallaban sin jefe que les dirigiera, y su intención  no debió ser nunca la de verter la sangre de un hombre inofensivo.
Tal energía desplegó el juez en esta causa, que diariamente se la veía multiplicarse; en los quince primeros días se escribieron basta 300 folios y fueron presos, con el ya citado alcalde, otros sujetos del mismo Malcocinado y reclamada la prisión de dos o tres personas de Córdoba, hecha pública la prisión del alcalde de Malcocinado con la confirmación de su causa por los Boletines Oficiales de Córdoba, Sevilla, Málaga y Badajoz, se denunciaron una multitud de robos que hasta entonces habían permanecido encubiertos bajo el tupido velo del secreto.
Esta es la famosa causa incoada en agosto del año pasado en el juzgado de primera instancia de Llerena, de que a pesar de su importancia no se había ocupado hasta ahora la prensa, siendo al propio tiempo muy extraño que al juez, don Manuel Ceferino González, que con tanto celo como pericia la siguiera basta que se le arrebató por la comisión militar de Badajoz, no se le baya dado la mas pequeña recompensa, cuando a la guardia civil, por solo ejecutar sus acertadas y eficaces providencias, se le concedieron muy justos y merecidos ascensos.

Y esto es lo que hemos podido averiguar a través de los edictos de búsqueda y captura, así como por el reflejo que tuvo en la prensa. No hemos tenido acceso al expediente judicial correspondiente, por lo que, por ahora, no podemos aportar más datos que los referidos. Sin embargo, un anuncio inserto en el boletín oficial de la provincia de Badajoz correspondiente al día 11 de agosto de 1856, nos induce a retomar el asunto.
En efecto, en el boletín citado aparece un anuncio sobre la subasta de los invernaderos del quinto de las Quemadillas perteneciente a los bienes de propio de la villa de Malcocinado, anuncio y práctica usual entre los concejos de la época, que en sí no debía tener la mayor importancia. Sin embargo, lo destacable de este anuncio reside en el hecho de que la persona que ordena su inserción era, como le correspondía en función del cargo, su alcalde, y éste respondía al nombre de Francisco Grueso, justo el mismo nombre y apellido del alcalde-bandido protagonista de lo que aquí se ha narrado.

En principio, nada que objetar al respecto. La interpretación más simple sería admitir que se trataba de otro Francisco Grueso (Vizuete, de segundo apellido), circunstancia que nada tiene que ver con lo aquí tratado.
El problema o la complicación se presentaría en el caso de que se tratara del alcalde-bandido imputado en los hechos descritos. Si así fuese, entonces cabrían dos alternativas: que en el juicio correspondiente hubiese demostrado su inocencia; o que, pese a ser condenado, se hubiese visto favorecido por alguno de los indultos tan frecuentes en esta época de tantas alternancias política y pronunciamientos.
Por ahora, no encontramos respuesta a la disyuntiva establecida, pero estaremos atentos.

jueves, 13 de diciembre de 2012

MALCOCINADO Y SU INDEPENDENCIA DE GUADALCANAL, 2ª PARTE


        Como ya recogimos en el artículo que precede (Malcocinado y sus orígenes), esta aldea, junto a la villa matriz de Guadalcanal, se segregaron de Extremadura en 1833, incorporándose a Andalucía y su provincia de Sevilla, de acuerdo con la división provincial promovida a instancia de Javier de Burgos. En la documentación que se localiza en el Archivo Municipal de Guadalcanal, apenas se recogen datos sobre este importante asunto. Es más, las pocas referencias localizadas al respecto nos inducen a pensar que las autoridades locales le dieron poca importancia a este asunto.
        Así, en el pleno celebra­do el 6 de febrero de 1834 los oficiales guadalcanalenses acordaron dirigirse a los subdele­gados de fomento de las provincias de Sevilla y Badajoz, pidiendo que se pronunciaran ante las noticias aparecidas en el Boletín Oficial de la Provincia de Badajoz, donde se daba por hecho que Guadalcanal quedaba incorporado a la provincia de Sevilla. La respuesta llegó el 3 de octubre siguiente, recibiendo un oficio del jefe del político de la provincia de Sevilla, nombrando a los nuevos oficiales del Ayuntamiento en sustitu­ción de los nominados a primero de año desde Badajoz. En Guadalca­nal, ratificando la indiferencia considerada, se obedeció tal disposición, sin ningún comentario, ni celebra­cio­nes, ni descontentos especiales, seguramente porque la mayoría del vecindario estaba de acuerdo con incorporarse a Sevilla. Al menos esto es lo que se deduce de lectura de las Actas Capitulares.
Salvo la referencia anterior, tampoco hemos podido localizar noticias relevantes sobre la aldea (Aldeanueva de la Victoria, que éste fue el nombre que adoptaron transitoriamente) y su relación con la villa matriz en los documentos del archivo local y en el intervalo de 1833 a 1842, fecha esta ultima en la cual la aldea se segregó de Guadalcanal, constituyéndose en villa (Villanueva de la Victoria, que este nombre de difícil gentilicio parece que siguieron adoptando) e incorporándose a la provincia de Badajoz y a su partido de Llerena. Suponemos que durante este período los malcocinadenses darían los pasos precisos para conseguir su objetivo, de los cuales no tenemos referencias oportunas, ni siquiera en el Boletín Oficial de Badajoz, que ya empezó a publicarse a primeros de 1835.

En cualquier caso, el 12 de abril de 1842, los malcocinadenses consiguieron sus objetivos, según hemos podido recoger del blog de Rafael Candelario Repisa (http://guadalcanalpuntodeencuentro.blogspot.com), un guadalcanalense comprometido con la historia de su pueblo. Se trata de un comunicado del jefe del gobierno político  de la provincia de Badajoz (el gobernador), quien mandó insertar en el boletín o provincial el siguiente anuncio:

El Exmo. Sr. Secretario de Estado y Despacho de la Gobernación de la Península, con fecha 12 del actual, me dice lo siguiente:
“El regente del Reyno en vista del expediente remitido por V.S. el 21 de marzo último sobre separación de la Aldea de Malcocinado de la villa de Guadalcanal, se ha servido resolver que la referida en virtud de reunir las circunstancias que la ley previene, quede totalmente emancipada de la dependencia de Guadalcanal, constituyéndose su ayuntamiento por sí con arreglo a las leyes, procediéndose inmediatamente a la formación de expediente oportuno, para la división del término y aprovechamiento que hasta el día hayan sido comunes a ambas poblaciones. De orden del Regente lo digo a V.S. para cumplimiento a efectos siguientes.
Lo que traslado a V.S. para con arreglo a lo Preinscrito en el artículo 84 de la Ley 3 de Febrero sirva formar el oportuno expediente al efecto.
Dios que a V.S. m. a., en Badajoz, a 16 de Abril de 1842
Cayetano Cordero.- (Exma. Diputación de la Provincia)

Los primeros folios del primer libro de actas capitulares del Ayuntamiento de Malcocinado (edición digital de la Diputación de Badajoz, ES.06077.AMMAL/11.1.01//2, fotogramas 1-90) tratan sobre el expediente generado a resultas de la emancipación de este pueblo respecto al de Guadalcanal.
El primero de los documentos se refiere precisamente a la Resolución anterior, siguiéndole otro con fecha 16 del mismo mes y año, firmado por el secretario de la Diputación de Badajoz, D. Nicolás Coronado. Mediante dicho documento, el citado funcionario daba conocimiento de la Resolución del Regente a las autoridades de Guadalcanal, para que obrasen en consecuencia; es decir, que no pusiesen traba alguna a la emancipación de Malcocinado y se organizasen para repartir el término jurisdiccional entre ambas villas.
Continuando con el citado expediente, el 2 de junio siguiente, D. José Antonio Ortiz, diputado provincial por los distritos de Azuaga y Llerena y en nombre de dicha institución, comunicó por escrito a Manuel Moreno, uno de los malcocinadenses promotores de la exención, la necesidad de que la nueva villa se organizase para eligir a los oficiales de su Ayuntamiento.
El Sr. Ortiz delegó la instrucción y el desarrollo del proceso electora en D. Pedro María Robledo, escribano de la nación y teniente de la primera compañía de fusileros en la villa de Azuaga, quien aceptó y juró su cargo, el 4 de junio siguiente. Por ello, días  después (11 de junio), D. Pedro se presentó en la casa del alcalde pedaneo, Juan Ruiz, con la documentación relativa a su comisión. Éste último manifestó sólo ser alcalde pedáneo, por decisión del ayuntamiento de Guadalcanal y de su alcalde, D. Manuél Fontan, quien precisamente estaba ese día en Malcocinado,  y a quien remitía.
El comisionado se encaminó a la casa que Fontán tenía en Malcocinado, pero hasta las 11 de la noche no pudo abordarlo. Éste, por escrito le hizo saber que no estaba de acuerdo con la exención de Malcocinado, contestándole el comisionado mediante un largo y elaborado alegato jurídico, diciendo, en resumen que, como simple alcalde, no era nadie para contradecir las disposiciones del Regente del Reino. En todo caso, continúa diciendo D. Pedro, sería la diputación de Sevilla, o su gobernador, la institución o persona que pudiera recurrir tal disposición.
Pese a las quejas de Fontan, al día siguiente (12 de junio), en la plaza existente frente a la iglesia se constituyó la mesa electoral, procediendo en primer lugar a la elección de dos escrutadores y un secretario. En este proceso intervinieron 24 electores, saliendo elegidos Juan Alcántara y Pedro Grueso, como escrutadores, y Manuel Moreno como secretario.
Acto seguido se procedió a la votación de los miembros del nuevo ayuntamiento, participando 31 malcocinadenses y saliendo elegido Juan Alcántara, como alcalde constitucional; Pedro Grueso, como primer regidor; Francisco Grueso, como segundo regidor; y Manuel Moreno, como síndico, quienes tomaron posesión según la siguiente diligencia:
Al día siguiente (13 de junio de 1842, festividad de San Antonio de Padua) se celebró el primer pleno, en cuyo desarrollo,  tras manifestar los asistentes su satisfacción por la nueva situación del pueblo, tomaron los siguientes acuerdos:
-         Nombrar a San Antonio de Padua por patrono tutelar, “cuyo día será enteramente festivo y se publicará por bando para la común inteligencia en su víspera todos los años, y habrá función de iglesia”.
-         Nombrar secretario del ayuntamiento a D. Juan Santaella, voluntario nacional.

En días sucesivos, siguiendo lo dispuesto por las leyes en vigor, empezó a funcionar el ayuntamiento con normalidad, conscientes de que quedaba pendiente un problema de complicada solución, como lo era el del deslinde de términos con la villa matriz, que además afectaba al deslinde de provincias.
Con este último objetivo, pero 18 meses después (el 16 de diciembre de 1843), se presentaron en la nueva villa delegados de ambas diputaciones para el deslinde (fotograma nº 40 del primer libro de Actas Capitulares). Para entonces ya habían citado en tiempo y forma a las partes implicadas en el deslinde (Alanís, Guadalcanal y Malcocinado), desde donde mandaron sus peritos y representantes. No fue convocada para estos efectos la villa de Azuaga, entendiendo que sus límites estaban históricamente bien definidos respecto a Guadalcanal.
Los representantes de Alanís manifestaron no entender el por qué de la cita, pues lo que allí se iba a dilucidar era un asunto que afectaba exclusivamente a Guadalcanal y Malcocinado. En definitiva, no pensaban ceder ni una cuartilla de tierra de su término.
Los de Guadalcanal entendían que la asignación de término para la nueva villa debía llevarse a cabo cediendo término Alanís, Azuaga y ellos mismo, trazando un círculo de determinado radio con centro de Malcocinado. Respecto a la no citación de Azuaga, criticaban esta situación, máxime cuando su término llegaba hasta las últimas casas de Malcocinado, circunstancia incómoda para sus oficiales, pues cualquier delincuente podía escapar de la autoridad de la justicia real local, al acceder en pocos metros a otro término jurisdiccional distinto.
Oídas las partes, los representantes de ambas diputaciones provinciales determinaron asignar término a la nueva villa sólo tomándolo del de Guadalcanal, de tal manera que al día siguiente (17 de diciembre), aún sin determinar las lindes,  tomaron los malcocinadenses la posesión simbólica de su término. Para ello, a instancia del representante de la diputación de Badajoz, escenificaron un acto protocolario a la antigua usanza, encaminándose las autoridades y el vecindario al sitio de  las Haitillas y, llegados allí, agarrados de la mano, el comisario y el síndico se pasearon por dicho predio, cogieron puñados de tierra y lanzándolos al aire, haciendo a continuación un mojón redondo; es decir, lo que se entendía como actos y señales protocolarias de posesión jurisdiccional y alcabalatoria, indicando con ello que el predio en cuestión, más los que pudieran corresponderles en el deslinde pendiente de ejecutar, quedaban quieta y pacíficamente en posesión de la nueva villa, sin contradicción alguna, tal como fue recogido en el documento que sigue:
El deslinde de términos no llegó a efectuarse hasta casi una década después. En efecto, en 1851 se presentó por fin la oportunidad de repartir términos entre ambas villas, asunto bloqueado ante los numerosos recursos presentados por Guadalcanal. Para ello se siguieron disposiciones tomadas en Madrid (22 de julio de 1850), donde se decía que el término debía repartirse en función del número de vecinos de una y otra villa, situación ya estudiada por Guadalcanal, por lo que, en una junta conjunta de ambos ayuntamientos celebrada el 4 de Febrero de 1851, los munícipes guadalcanalenses estimaron que a la nueva villa le correspondía una onceava parte del término, propuesta que, salvo algunos flecos aceptó Malcocinado. Por ello, en días sucesivo se procedió al correspondiente amojonamiento, celebrando una concordia que en ciertos momentos fue discutida, siendo necesaria una revisión del mismo el 1 de agosto de 1871, según una certificación de los funcionarios del Instituto Geográfico y Estadístico, a los que hubo que recurrir por las continuas discordias de términos entre ambas villas (VILA SERRA, J.  Ley Provincial, Madrid, 1906
 
Al margen de la información recabada en el Archivo Municipal de Malcocinado, disponemos de datos paralelos sobre su emancipación. Así, el 27 de julio de 1842 apareció en el Boletín Oficial de Badajoz la siguiente noticia:
 


Como se aprecia, fue un diputado de Badajoz, D. José Antonio Ortiz,  la autoridad provincial que presidió el acto de incorporación de la nueva villa a esta provincia, destacando que ninguna otra autoridad del partido de Llerena hiciese acto de presencia. No fue el caso del vecindario de Azuaga, que mostró una enorme satisfacción por la exención jurisdiccional de Malcocinado, mandando a este acto institucional la flor y nata de la sociedad azuagueña, según se constata a continuación:



Concluye el documento con las proclamas y el patriotismo propio de la época y circunstancias, vitoreando a la reina niña, al regente (Espartero) y a la constitución vigente, la de 1837.

A partir de esta fecha, siempre recogiendo información de la edición digital de los boletines oficiales de la provincia de Badajoz (agradecemos a esta institución la edición digital de este y otros fondos documentales, que tanto simplifica la labor de los investigadores), hemos podido recabar algunos datos de la nueva villa extremeña, como el caso que sigue de 24 de febrero de 45, que no tiene más importancia que la simple constatación de una realidad consolidada.

O esta otra, muy curiosa, que trata sobre los problemas que surgieron por el reparto de tierras entre el vecindario, acogiéndose para ello a lo dispuesto en las Ordenanzas Municipales de Guadalcanal de 1525.

        Y, para concluir, esta otra noticia-aviso correspondiente al boletín de 28 de diciembre del 46, donde aparece como alcalde Antonio Grueso, seguramente emparentado con un tal Francisco Greso, muy célebre por los acontecimientos en los que se vio envuelto el pueblo cuatro años después.
Ya para finalizar, resaltar que sobre la emancipación de Malcocinado y su incorporación a la provincia de Badajoz se hicieron eco alguno de los periódicos de la época, como fue el caso del Heraldo de Madrid, en su edición del 30 de junio de 1842.



Según nos escribe un corresponsal, la aldea de Malcocinado, pedánea de la villa de Guadalcanal, provincia de Sevilla, solicitó emanciparse y formar villa separada, concediéndoselo el gobierno en virtud de sus facultades; mas en la Orden que autoriza á la aldea para erigir su municipalidad independiente, &b., se mando que la villa de Guadalcanal le ceda la mitad de las tierras de su término, lo que es una notoria injusticia, como se conoce a primera vista con solo atender a que siendo la población de la última de 1.200 vecinos, o acaso más, no llega la de Malcocinado a 200 tal vez, en cuyo caso parece quo lo equitativo seria distribuir el término entre ambos pueblos á proporción de sus habitantes, Pero nada de eso: el gobierno por si y ante si, y  sin indignarse siquiera a oír a la villa de Guadalcanal, decretó cual pudiera hacerlo un bajá del modo que hemos dicho. "Y no es esto lo más escandaloso que hay en el caso, sino es el que, perteneciendo Guadalcanal y su término a la provincia de Sevilla, se haya instruido el expediente para la separación de Malcocinado en Extremadura, sin tener para nada en cuenta á la diputación provincial de la de la primera de dicha provincia, que probablemente no habrá tenido conocimiento del hecho hasta que se hallan hecho entender las quejas de los habitantes de Guadalcanal ¿Puede darse arbitrariedad más atroz del gobierno en todo este asunto?

Como se aprecia, al corresponsal del Heraldo no le parecía muy ortodoxa esta decisión política-administrativa, criticando una situación que al parecer no llegó a producirse, como el hecho cierto de que a Malcocinado sólo se le asignó una parte reducida del término (unas 2.640 hectáreas) seguramente las que les correspondía a su vecindad respecto al que quedaba en la villa matriz (unas 27.800 hectáreas).

Poco después (14 de abril de 1844), el periódico citado vuelve a tratar esta cuestión, refiriendo lo siguiente:

De Azuaga dicen a los diarios de Sevilla: La población de Malcocinado logró por fin que se le constituyese en ayuntamiento propio y separado de Guadalcanal, y se ha agregado a la provincia de Badajoz. Esta población disfruta una situación privilegiada, aunque en medio de terrenos vastísimos e incultos. Está en el camino directo de Almaden del Azogue (mercurio) a Sevilla…
.