El partido de llerena a finales del XVIII

El partido de llerena a finales del XVIII

viernes, 8 de febrero de 2013

LA REAL EMPRESA MINERA DE GUADALCANAL

La plata de Guadalcanal fue ya famosa en tiempos de fenicios y romanos, como así ha quedado recogido por historiadores de la antigüedad clásica. Después de un prolongado ostracismo, o al menos en ausencia de datos durante toda la Edad Media, en 1555 asistimos a su redescubrimiento, asunto salpicado de múltiples anécdotas y de hechos transcendentales en los campos de la política, de la economía y del desarrollo metalúrgico y tecnológico. La riqueza y abundancia argentífera fue en principio tan sorprendente que empezó a circular el rumor de que las famosas minas del rey Salomón no eran de oro y piedras preciosas, sino de plata, y éstas se localizaban en Guadalcanal, una villa y encomienda santiaguista limítrofe con el reino-concejo de Sevilla, justo donde se interrumpe la penillanura extremeña para dar paso a los Montes Marianos que citaba Plinio.
Según las referencias bibliográficas y documentales localizadas, de entre las que destacamos los estudios de Tomás González  (1) y Julio Sánchez Gómez (2), el redescubrimiento se debió a Martín Delgado, un guadalcanalense a quien unos atribuían cierta candidez (…estaba arando cuando se topó casualmente con un rico filón…) y otros una gran experiencia en el descubrimiento y registro de minas tras su retorno de América, donde seguramente había tenido contacto con dichas actividades. Esta última teoría parece encajar más en la personalidad de Martín Delgado, a juzgar por el posterior desarrollo de los acontecimientos, aunque posiblemente la fiebre de la plata y la riqueza que su registro le proporcionó terminaron por desajustarle emocionalmente.
Sabemos que Martín Delgado se personó ante las autoridades locales para registrar su descubrimiento el 8 de Agosto de 1555 (3). Desde ese momento la potencial explotación minera debería quedar sometida a lo estipulado legalmente; es decir, de la plata extraída debería entregarse una quinta parte al fisco, quedando el resto para el descubridor y explotadores. Pero como los primeros resultados fueron sorprendentes, por cuantiosos y a pesar de los rudimentarios métodos tecnológicos empleados en la extracción y afinamiento, rápidamente aparecieron numerosos interesados reclamando supuestos derechos por asientos o acuerdos previos con la Corona. Y fue así porque, en efecto, la Corona, más concretamente el Consejo de Hacienda, tenía establecido previamente determinados conciertos de explotación con distintas empresas mineras de la época, algunas de las cuales, ante la riqueza de la que se hablaba, alegaban tener prioridad sobre Martín Delgado. Entre tantos interesados, fue la compañía de los poderosos Fugger (o Fuccares) (4) la que pudo sostener documentalmente dichas pretensiones.
No obstante, Martín Delgado (quien  encontró en un pariente y protegido suyo, Gonzalo Delgado, un interesado competidor que consiguió diez días después registrar a su nombre otro pozo próximo al primero de los descubiertos (5)) continuó con su rudimentaria explotación, obteniendo 18.000 ducados (6.732.000 maravedíes) de beneficio en menos de dos meses, una auténtica fortuna si tenemos en cuenta que sólo 15 años antes el Hospital de la Sangre de la ciudad de Sevilla había comprado a la Orden de Santiago todos los derechos que la Mesa Maestral poseía en la villa de Guadalcanal y su término, más la mitad de las rentas de su encomienda, en 40.000 ducados. O que un minero de la época, trabajando de sol a sol, sólo recibía unos 50 mrs. Sin duda, el mineral, aparte su elevada riqueza y ley, debía estar a flor de piel en las viejas galerías ya labradas en la antigüedad clásica.
En cualquier caso, ambos descubridores, con el asesoramiento de algunos de los guadalcanalenses más influyentes, buscaron distintas fuentes de financiación, para lo cual debieron repartir parte de los derechos que les correspondían, situación que adquirió tintes caóticos (6). No obstante, el tal Martín Delgado, que evidentemente no era tan cándido, después de ceder parte de su explotación consiguió hacerse con la mayoría de los derechos de su pariente y competidor, el  ya citado Gonzalo Martín.
Las noticias del descubrimiento no tardaron en llegar a la corte vallisoletana, donde desde hacía tiempo, con una Hacienda Real casi en bancarrota, esperaban un golpe de suerte de esta naturaleza. Por ello, inmediatamente se pusieron en contacto con el gobernador de Llerena, la máxima autoridad real en la zona, comisionándole tres importantes tareas:
-         Como subdelegado de rentas reales y de la Mesa Maestral, debería ocuparse en cobrar para la  Hacienda Real el quinto de la producción. Para ello, forzando el asunto de competencia con las autoridades locales, el gobernador situó en la explotación a un alguacil mayor con la finalidad de poner orden en la zona minera.
-         Como juez de segunda instancia, debía sentenciar en las numerosas causas surgidas sobre la propiedad y explotación de los distintos pozos, una vez desbordada la competencia judicial de los alcaldes ordinarios de la villa en la impartición de la primera instancia. En función de la documentación aportada, reconoció a la compañía de los Fugger como propietaria de la explotación, aunque más tarde, siguiendo instrucciones de la corte vallisoletana, dio orden para suspender la extracción de nuevo mineral.
-         Finalmente se le pidió que informara sobre la riqueza de la explotación, contestando el gobernador que de cada quintal de mineral extraído y lavado, una vez sometido a fusión, salía una cuarta parte de plomo argentífero, cuya riqueza en plata, tras su afinación, era igualmente de un cuarto. Es decir, el mineral producía 125 Kg. de plata por quintal.

Más adelante, en Octubre del mismo año desde la corte se envió a la zona a Agustín de Zárate, un funcionario de la máxima confianza de la Hacienda Real y con cierta experiencia en minas tras su periplo americano. Llevaba por comisión informar sobre la explotación, expresándose en los siguientes términos:
Hay en la zona de Martín Delgado cinco pozos, i en los tres de ellos se labró solamente siete días, y con estar poco más hondo de dos estados, se sacaron de ello más treinta mil ducados de valor, y si dura en lo que parece, en lo cual hasta ahora ninguna quiebra ni disminución se siente, saldrá tanta riqueza cuanta jamás se visto ni oído en estos reinos... que es cosa que jamás se vio en Potosí...

Ante tan buenas noticias, la corona dio órdenes para confiscar las minas, como paso previo a la expropiación que se preparaba, que no entró en vigor hasta la publicación de la Real Pragmática de 10 de Enero de 1559. Según la citada Pragmática, se incorporaba al Real Patrimonio las principales minas conocidas de entre las cuales la estrella, la explotación por excelencia, era la de Guadalcanal, que para entonces había dado la suficiente plata como para entrar en el campo de lo mitológico.
El documento de expropiación contemplaba la forma de indemnizar a Martín Delgado (7) y a los Fugger (8), éstos ya retirados de la explotación minera desde principios de 1556. El proceso fue largo y complejo, mediando recursos contra la decisión de la Hacienda Real, de los cuales tenemos noticias en el Archivo de la Real Chancillería de Granada. No era para menos, si tenemos en cuenta la respuesta de los distintos pozos, cuyos beneficios netos en favor de la Real Hacienda se presentan en el cuadro que sigue (9):

Años

Resultados netos en maravedíes

1556-1559
550.000.000
1560
18.728.184
1561
-6.659.739
1562
1210.170
1563
-9.322.403
1564
20.428.422


Resultados que, naturalmente, presentaron altibajos en función de la suerte, de la mayor o menor necesidad de invertir en infraestructuras y de la creciente dificultad que aparecía a medida que la explotación iba cogiendo profundidad. En la tabla que sigue se recogen datos sobre la extracción de mineral correspondiente a distintos períodos de los primeros años (10):

Años
         Meses
      Periodo
            Cantidad en Kg.
1557
Noviembre
Semanal
26.455
1557
-
Diaria
4.409
1559
Enero
Mensual
40.652
1559
Marzo
14.660.
1562
Febrero
12.908
1562
Marzo
25.154
1562
Abril
26.036
1563
Noviembre
7.903
1564
Mayo
14.881
1564
Junio
11.067
1564
Agosto
6.029


El destino de los beneficios de las minas, una vez amonedada la plata en la Casa de la Contratación de Sevilla, estaba ya predeterminado: atender a las deudas más acuciantes del hacienda real, hacer efectiva la paga y pertrechos para los ejércitos del imperio allende los Pirineos y para financiar parte de la construcción del monasterio del Escorial, aparte de ayudar a reparar la torre de Santa María en Guadalcanal, comprar una campana para la parroquia de Santa Ana en esta misma villa y otras asignaciones anecdóticas o testimoniales.
        Naturalmente, el requerimiento de manos de obra especializada fue en aumento, concurriendo en los momentos de mas actividad (Octubre de 1559) hasta 1.285 trabajadores relacionados directamente con la explotación (desde la extracción al afinamiento (11)) y de origen muy diverso, aunque especialmente se trataban de vecinos de Guadalcanal y pueblos aledaños con antecedentes mineros (Azuaga, Berlanga, Llerena, Hornachos), moriscos del reino de Granada y un buen número de esclavos comprados en la feria de San Juan de Zafra. Aparte, hemos de contemplar al personal auxiliar, encargados de los aprovisionamientos, aventureros, amigos de lo ajeno, alcahuetas, pícaros, etc. No se incluye en la cifra anterior al personal no laboral, de los que sí se tiene relación pormenorizada en determinados momentos. Así, el año de mayor actividad (1558) aparecían registrados 4 oficiales de designación real (administrador general, contador, tesorero y veedor), 12 personas elegidas directamente por el administrador general y 34 más ocupadas en actividades auxiliares y de vigilancia (12). En definitiva, un poblado de nueva creación en término de Guadalcanal, pero sometido a la jurisdicción real por expreso deseo de la corona, que de esta manera eliminaba cualquier posible injerencia en los asuntos propios de la mina, tanto de las autoridades locales como de la propia Orden de Santiago.
Intencionadamente se ha obviado la participación de los guadalcanalenses en la explotación, que al parecer fue más escasa de lo deseado, entre otras circunstancias para limitar la intrusión del concejo en los asuntos mineros. En efecto, desde un primer momento se produjo un choque desigual entre las pretensiones del humilde concejo de Guadalcanal y los intereses del poderoso Consejo de Hacienda, quejándose la primera institución del desgaste de sus dehesas y baldíos, mermados a cuenta de la continua extracción de leña para las minas, el daño que el sobrepastoreo de los bueyes y mulas destinados a la explotación producía en las dehesas concejiles y el encarecimiento de los bienes de consumo generados en la zona (13). Ya en los primeros momentos (1557) la princesa gobernadora, residiendo Felipe II en Flandes, dio órdenes en este sentido:
...en cuanto a lo que decía que convenía que los oficiales y personas que andan en las fábricas sean forasteros y no naturales, para lo que toca al buen recaudo y seguridad, aunque se les acrecentasen algo más los salarios, proveerlos heis como mejor os pareciere...

Pero los buenos augurios duraron poco; justo el tiempo necesario para que los mejores ingenios tecnológicos conocidos en la época quedaran desbordados por la profundidad que iban adquiriendo las labores de extracción, siendo las inundaciones y la falta de ventilación las principales dificultades a salvar. Estas circunstancias, más la creciente merma en riqueza del mineral extraído, ya era crítica sobre 1570, acentuándose en 1576 a raíz del hundimiento generalizado de los pozos, tras las excesivas lluvias de la última primavera.  En efecto, el día 16 de Mayo de 1576, después de veintiún años de explotación cesaron las labores y se despidió al personal, pasando estos últimos a las minas de mercurio de Almadén, junto con los ingenios y el resto del material elaborado expresamente para la explotación guadalcanalense.
Grandes fueron las expectativas y corto el resultado. Sin embargo, el nombre de  la villa quedó ligado a la Historia por ciertas novedades políticas y tecnológicas ensayadas en sus minas. Así, desde el punto de vista político, el Reino adoptó una línea novedosa hasta entonces, determinando la primera nacionalización de una empresa, minera en este caso, dando paso a la Real Empresa Minera de Guadalcanal. Esta circunstancia provocó también el nombramiento del primer Administrador General de Minas, en la persona de Agustín Zárate, una especie de Director General del Consejo de Hacienda, con sede y residencia en el poblado minero de Guadalcanal. Además, se buscaron y contrataron los mejores especialistas europeos en todas las labores relacionadas con la explotación minera, ensayándose en Guadalcanal los más avanzados ingenios tecnológicos del momento relacionados con las extracción del mineral, su elevación, la trituración, el lavado, las técnicas químicas de liberación o beneficio de plata y su posterior afinamiento. Como, por otra parte, se tenían depositadas en esta real empresa las máximas expectativas, expresamente se hizo modificar el recorrido del correo que diariamente comunicaba la corte vallisoletana con Sevilla, por entonces la ciudad más importante y rica del Imperio, incluyendo a Guadalcanal en su ruta.
Pese a las recomendaciones del Consejo de Hacienda, Felipe II no se resignaba a aceptar la realidad, llegando incluso a convocar un concurso público de ideas, por si se presentaba alguna capaz de resolver ciertos problemas tecnológicos, entre ellos los relacionados con el desagüe de los pozos inundados. Por este motivo, en 1583 consiguió embaucar otra vez en el asunto de Guadalcanal a ciertos socios de los Fugger, que no tardaron mucho tiempo en retirarse. Más adelante, en 1597 nombró como Administrador General de Minas a Jerónimo de Ayanz, conocido inventor (14), a quien se le atribuye el descubrimiento del primer artilugio de vapor capaz de desaguar lugares inundados o, como dice el guadalcanalense Cayetano Yanes (15), el primer antecedente de la futura máquina de vapor. También fue escaso el éxito de Ayanz, a quien la muerte le sorprendió en el intento.
Sin que tengamos noticias de otras tentativas serias durante el resto del XVII, en 1725 el súbdito sueco Liberto Wolters obtuvo licencia para explotar las minas de Guadalcanal durante treinta años, junto con las de Cazalla, Riotinto, Aracena y Galaroza (16). Para ello constituyó una compañía que interesó especialmente a la clase alta de la Corte. De esta manera, con el informe favorable del reconocido ingeniero Roberto Shee, se constituyó una Compañía de Minas, que pronto se dividió en dos: una para Guadalcanal y la otra para Riotinto. La Compañía de Guadalcanal consiguió el desagüe de las labores pero, tras numerosos litigios, se extinguió a los dos años.
Entró después en acción el más sorprendente de todos los personajes relacionados con la Reales Minas de Guadalcanal, lady Mary Herbert, la minera de Sierra Morena (17), a quien Murphy enmarca dentro de la pléyade de aventureros, charlatanes e impostores que también abundaban en el XVIII, en compañía de su socio, el conde Joseph Gage, ambos personajes objeto de la sátira más atroz por parte del poeta Alexander Pope (18). Lo cierto es que estos dos aventureros, después de ganar y perder una importantísima cantidad de dinero en la bolsa de París, recalaron en Sierra Morena a la sombra de Wolters, quien les traspasó la concesión minera de Guadalcanal. Al parecer, disponían de la máquina de vapor adecuada para solucionar los problemas de desagüe, la misma Newcomen que movía el barco que trajo a los mineros galeses contratados para la explotación. En Septiembre de 1732 ya habían conseguido su objetivo, el desagüe, pero la falta de liquidez retrasó la extracción del mineral argentífero, inundándose de nuevo los pozos y galerías. Insisten nuevamente, después de algunos aciertos y desaciertos consecutivos en otras zonas mineras de la geografía española, intentado formar la Compañía del Pozo Rico, tentativa también baldía, pues el descrédito que los promotores habían generado con sus extravagantes actuaciones en distintos distritos mineros disuadió a los posibles accionistas.
Así, con más penas que gloria, la minera y su no menos complicado socio mantuvieron la esperanza de levantar la explotación hasta que en 1767 perdieron la concesión de Guadalcanal, ahora en favor de Thomas Sutton. Este nuevo empresario, que estableció en París la Compañía de Guadalcanal, consiguió nuevamente el desagüe del Pozo Rico, aunque entró en quiebra sólo un año después, cediendo los derechos a una nueva compañía francesa que también cerró la explotación en 1778 (19).
En ausencia de otros interesados y tras la crisis de la Hacienda Real en fechas inmediatamente posterior a la Guerra de la Independencia, en 1822 la Comisión Especial de Recaudación del Crédito Público encargó un informe, cuya conclusión no aconsejaba reiniciar la explotación. El propio director general de minas, don Fausto Delhuyar, las visitó personalmente sobre 1825, al igual que la mayoría de los viajeros románticos de la época, que no desaprovecharon la oportunidad de recalar en Guadalcanal ante el mito de sus minas, siempre dejando constancia del estado ruinoso de sus instalaciones. Las averiguaciones de Delhuyar fueron esperanzadoras, pero su aplicación nuevamente insatisfactoria.
Ya en 1830 Fernando VII encargó otro informe, en este caso histórico, responsabilizando del asunto al presbítero Tomás González (20). Desconocemos si don Tomás se dignó visitar las minas guadalcanalenses o si simplemente consultó las referencias del Archivo General de Simancas. Esto último sí que es seguro, plasmando en un exhaustivo y voluminoso informe donde se recogían multitud de documentos, siguiendo la catalogación antigua, que de ninguna manera se puede utilizar como referencia en la actualidad (21). Dicho informe, con datos pormenorizados sobre la explotación en el siglo XVI, es precisamente el utilizado en este estudio, aunque tomando como referencia el texto y las citas de Sánchez Gómez, que sigue a González en lo concerniente a Guadalcanal, dando por bueno el trabajo de este investigador del XIX.
Al parecer, ni el tiempo ni los continuos fracasos lograron borrar el mito de Guadalcanal. Por ello, en 1847 se constituyó en Londres una nueva empresa minera, The Guadalcanal Silver Mining Association (22), reanudando las labores con celeridad. Formaba parte este intento, como dice Cabo Hernández, la fiebre minera que sacudía a Gran Bretaña en la primera mitad del XIX, potenciada por el impulso del capitalismo moderno. Aparecen, por lo tanto, unos nuevos aventureros, mezcla de tecnólogos, accionistas, negociantes y ocasionalmente personajes románticos, que parecían continuar con las experiencias de lady Herbert. En este contexto, la compañía londinense citada, con el principal argumento de un complejo juego de bombas extractoras de agua, emprendió la búsqueda del vellocino, plateado en este caso. Las expectativas eran grandes, pues el mismo día de constitución de la sociedad sus 2.500 acciones subieron de 5 a 11 libras, capital que se empleó en pagar los 120.000 reales en que fueron tasadas las minas y sus instalaciones. El desagüe, principal inconveniente de éste y anteriores intentos, estaba ya terminado para el 23 de diciembre, celebrando con toda solemnidad la Pascua de Navidad en la explanada del Pozo Rico, festejos de los que no quedaron excluidos las autoridades y vecinos de Guadalcanal, pues en esta ocasión, al contrario que en el fulgurante destello del siglo XVI, se contó más con ellos, incluso para el refrigerio, estilo inglés, que siguió a los cultos religiosos. Los trabajos, ahora con la activa participación de los guadalcanalenses, prosiguieron durante todo el 49, pero como la riqueza del mineral disminuía y el capital se agotó simplemente en el bombeo de agua y extracción de escombros, a mediados del verano del 1850 tomaron la decisión de desmontar la instalación.
Ya en el siglo pasado tenemos referencia de dos intentos. Uno en 1911, que se interrumpió al sobrevenir la I Guerra Mundial sin obtener resultados positivos. El segundo en 1919, a cargo de la Compañía del Pozo Rico y la Cuprífera Española, que también agotó rápidamente el presupuesto antes de obtener beneficios.
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FUENTES: Ver notas
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(1)GONZÁLEZ, T. Noticia histórica documentada de las célebres minas de Guadalcanal, desde su descubrimiento en el año de 1555, hasta que dejaron de labrarse por cuenta de la Real Hacienda, Madrid, 1832
(2)SÁNCHEZ GÓMEZ, J. De Minería, metalúrgica y comercio de metales, Salamanca, 1990
(3)...a do dicen el Molinillo y destajos, linde con el arroyo Gaitero y con la senda del Moral...
(4) Eran, por esas fechas, los empresarios mineros más poderosos de la época, precisamente con estrechos lazos financieros con el dueño de la mitad de Europa, el emperador Carlos V. Estos empresarios habían establecido un asiento con la Real Hacienda por el que se les reservaban las explotaciones mineras descubiertas o por descubrir en una amplia zona de la Península, entre ellas los territorios bajo la jurisdicción de la Orden de Santiago. Se exceptuaban ciertas zonas periféricas a Guadalcanal, como las de la encomiendas de Reina y Azuaga, ya comprometidas anteriormente con otros asentistas.
(5) En realidad, fueron numerosos los guadalcanalenses que intentaron registrar distintos pozos en la misma zona, dando paso a múltiples pleitos que desbordaban la capacidad y preparación de los alcaldes ordinarios locales, responsables de la primera instancia e, incluso, las del gobernador de Llerena.
(6) Concretamente, Martín Delgado cedió en primera instancia 3/20 de su propiedad a cuatro personas; una de ellas, un cura de Hornachos, vendió 3/80 de su parte a tres vecinos de Llerena en 232.250 mrs. A su vez, de los 17/20 que seguían perteneciéndole, cedió 1/20 a otras dos personas, y de las 16/20 restantes vendió 1/30 a un vecino de Llerena. En definitiva, un extraordinario enredo administrativo y mercantil, que más adelante arreglaría la Real Hacienda de un plumazo.
(7) 33.000 ducados, más un juro de 109.000 ducados de principal, con unas rentas anuales equivalentes a 1.526 ducados.
(8) 34.000 ducados.
(9) SÁNCHEZ GÓMEZ, op. cit. p. 632
(10) Ibídem, p. 515.
(11) Administradores en sus distintas categorías, alguaciles, guardas, fundidores, horneros, acemileros, herreros, ensayadores, torneros, plomeros, carpinteros, encargados de los ingenios, albañiles, acarreadores, etc.
(12) SÁNCHEZ GÓMEZ, p. 453.
(13) Debe V. M. mandar al dicho concejo de Guadalcanal no encorralen, prendan ni penen los bueyes que en carretas y carros traen plomo, leña y carbón y otras cosas a esta fábrica... Ibídem, p. 596
(14) GARCÍA TAPIA, N. “Ingeniería e invención en el siglo de oro. El caso de Jerónimo de Ayanz (1553-1613)”, en http:://nti.educa.rcanaria.es/fundaro...
(15) YANES, C. “La máquina de vapor e industrialización en Andalucía”, en http::/www1.es/pautadatos/publicos/asignaturas...
(16) En un intento de desmitificar este asunto, el portugués Jorge de Brito y Almansa escribió su famosa sátira que llevaba por título: Papel Demócrito que entre burlas y veras, se ríe y responde, en veras y burlas a un papel heráclito, que llora y iré la bobería que hacen los españoles, en la compañía que forman para las empresas de las minas de Guadalcanal, Río Tinto...
(17) MURPHY, M. “Lady Mary Herbert, una minera en Sierra Morena”, en Archivo Hispalense, nº 39, Sevilla, 1995.
(18) Participó como accionista y después, ante el fracaso, satirizando a sus socios. (19) Las minas de Guadalcanal fueron visitadas en estas fechas por el físico y naturalista Guillermo Bowles, por encargo de Carlos III. En su Introducción a la Historia Natural y a la Geografía Física de España (1775), da cuenta del reconocimiento practicado en el Pozo Rico y en el Campanilla.
(20) Op. cit.
(21) Para simplificar la búsqueda de documentos, remitimos al VI Congreso Internacional de Minería, celebrado en León, en 1970, donde se presentó un detallado estudio titulado La minería hispana e iberoamericana, cuyo V volumen recoge los 885 documento que sobre minería se custodian en distintas secciones del Archivo General de Simancas. Pues bien, de las referidas 885 entradas, el 25% remiten a las minas de Guadalcanal.
(22) CABO HERNÁNDEZ, J. “Comienzo del maquinismo en la minería española. Práctica empresarial y técnica minera inglesa en Sierra Morena: The Guadalcanal Silver Mining Association (1847-1850)”, en Revista de Estudios Extremeños, T. LI-III, Badajoz, 1995.

jueves, 17 de enero de 2013

ACCÉSIT PARA SALVADOR HERNÁNDEZ

       
     Nos alegramos al conocer que, dentro del concurso de monografías propuesto por el Archivo Hispalense y la Diputación Provincial de Sevilla en su edición de 2012, el Accésit de la Sección de Arte se le ha otorgado al trabajo titulado “Los talleres de escultura en madera del gótico final en Sevilla”, del que es autor Salvador Hernández González, doctor en Historia del Arte.
        Salvador acomete la investigación de estos talleres escultóricos en madera en el momento en que se está ejecutando la magna obra de la Catedral, centrándose en la gran empresa escultórica que representa la sillería del coro, verdadero banco de pruebas para un proyecto de tanta trascendencia y repercusión como es el retablo mayor, que se convirtió en modelo oficial para las iglesias de la diócesis hispalense. Al compás de los proyectos monumentales, surgen los nombres de escultores activos en la Sevilla bajomedieval, como Dancart, Jorge Fernández y Pedro Millán.

        Felicitamos a Salvador y, si aquí tratamos esta noticia, es porque el doctor Hernández González es un asiduo colaborador de las revistas de fiestas patronales de esta parte más meridional de Extremadura, participando igualmente en las Jornadas de Historia de Llerena, Fuente de Cantos y Valencia de las Torres.

        Buena muestra de ello es el curriculum que a continuación exponemos, centrándonos sólo en la producción referida a Extremadura:

         Licenciado en Geografía e Historia, sección Arte, y Doctor en Historia del Arte, por la Universidad de Sevilla. Su labor investigadora se centra en el campo de la historia local en Andalucía Occidental y la Baja Extremadura, prestando especial atención al estudio del patrimonio artístico y la religiosidad popular. En esta línea cuenta con cinco libros: Nuestra Señora del Monte, Patrona de Cazalla. Historia, Arte y Devoción (Cazalla de la Sierra, 2001); La Parroquia de Santa María de la Mesa (Zahara de la Sierra). Guía histórico – artística, en colaboración con Francisco Siles Guerrero (Diputación de Cádiz, 2003); Utrera y el terremoto de 1755. En el CCL Aniversario del Terremoto de Lisboa, y actos religiosos extraordinarios celebrados en honor de su Patrona, Nuestra Señora de Consolación (1755 – 2005) (Ayuntamiento de Utrera, 2005), Una Nao de oro para Consolación de Utrera (Ayuntamiento de Utrera, 2008), e Iglesia de las Carmelitas de Utrera. Condiciones de la obra (1604), los tres en colaboración en coautoría con Julio Mayo Rodríguez. Además ha publicado numerosas comunicaciones en diversos congresos de ámbito regional y nacional y numerosos artículos dispersos en diferentes revistas locales. Igualmente formó parte de un grupo de investigación del Departamento de Antropología de la Universidad de Sevilla, dedicado al estudio de La religión en Andalucía, bajo la dirección del profesor doctor Salvador Rodríguez Becerra. 

Trabajos sobre Extremadura:

EXTREMADURA EN GENERAL

La Provincia franciscana de San Miguel en la Baja Extremadura y su contribución a la evangelización de América”, en El Franciscanismo en la Península Ibérica. Balance y perspectivas. I Congreso Internacional. Asociación Hispánica de Estudios Franciscanos, Barcelona, 2005. Págs. 773 – 783. ISBN 84 – 88538 – 19 – 7.

AZUAGA
2001
“Azuaga en la ` Descripción e historia general de la provincia de Extremadura ´ de Fray Francisco de Coria (1608)”, en Revista de Feria y Fiestas de Azuaga (2001), págs. 113 – 115.
2002
“La visión de Azuaga en los diccionarios histórico – geográficos (siglos XVII – XIX)”, en Revista de Feria y Fiestas de Azuaga (2002), págs. 131 – 136.
2003
“El patrimonio monumental de Azuaga a través de la historiografía artística: aproximación bibliográfica”, en Revista de Feria y Fiestas de Azuaga (2003), págs. 103 – 110.
2004
“Un aporte documental para la historia del convento de Nuestra Señora de la Merced de Azuaga: fundación de capellanía con capital indiano en el siglo XVII”, en Revista de Feria y Fiestas de Azuaga (2004), págs. 149 – 150.
2005
La Parroquia de Nuestra Señora de Consolación de Azuaga y la emigración a América: fundaciones de capellanías y donaciones artísticas con capital indiano durante los siglos XVI y XVII”, en Revista de Feria y Fiestas de Azuaga (2005), págs. 171 – 174.
2006
“El convento de Nuestra Señora de la Merced de Azuaga”, en Revista de Feria y Fiestas de Azuaga (2006). Págs. 193 – 196.
2007
“El patrimonio artístico de Azuaga en la Fototeca del Laboratorio de Arte de la Universidad de Sevilla”, en Revista de Feria y Fiestas de Azuaga (2007). Págs. 95 – 97.
2008
“Documentación sobre Azuaga en el Archivo de la Real Chancillería de Granada”, en Revista de Feria y Fiestas de Azuaga (2008).
2009
“Un intento de derribo del castillo de Azuaga a comienzos del siglo XX”, en Revista de Feria y Fiestas de Azuaga (2009), pág. 107. ISSN 1137 – 5825.
2010
“Documentación medieval sobre Azuaga en el Archivo General de Simancas: el Registro General del Sello”, en Revista de Feria y Fiestas de Azuaga (2010), págs. 101 – 102.
2011
“Azuaga en la Comisión de Antigüedades de la Real Academia de la Historia”, en Revista de Feria y Fiestas de Azuaga (2011), págs. 89 – 90. ISSN 1137 – 5825.
2012
“Documentación sobre Azuaga en la colección Salazar y Castro de la Real Academia de la Historia”, en Revista de Feria y Fiestas de Azuaga y la Cardenchosa (2012), págs. 85 – 87. ISSN 1135 – 6456.

FUENTE DE CANTOS
2002
“Pasajeros de Fuente de Cantos, ante la vida y la muerte”, en Actas de las II Jornadas de Historia de Fuente de Cantos. Ayuntamiento de Fuente de Cantos, 2002. Págs. 112 – 122.
2003
“El patrimonio monumental de Fuente de Cantos a través de la historiografía artística: aproximación bibliográfica”, en Actas de las IV Jornadas de Historia de Fuente de Cantos. Diputación de Badajoz, 2003. Págs. 123 – 137.
2004
“El convento de la Concepción de Fuente de Cantos a comienzos del siglo XVII”, en Actas de las V Jornadas de Historia de Fuente de Cantos. Diputación de Badajoz, 2005. Págs. 77 – 141.
2006
“Fuente de Cantos en los diccionarios histórico – geográficos (siglos XVII – XIX)”, en Actas de las VI Jornadas de Historia de Fuente de Cantos. Diputación de Badajoz, 2006. Págs. 217 – 236.

LLERENA
1999
“Llerena a comienzos del siglo XIX, a través del Viaje a Extremadura (1801) del sevillano Justino Matute”, en Revista de Fiestas Mayores Patronales (1999), págs. 32 – 34. ISSN 1135 – 6456.
2000
“Notas para la historia del desaparecido convento de Santo Domingo de Llerena: una donación de platería indiana en 1640”, en Revista de Fiestas Mayores Patronales (2000), págs. 65 – 66. ISSN 1135 – 6456.
“Fuentes bibliográficas para el estudio de la historia de Llerena: Diccionarios histórico – geográficos” [en colaboración con Francisco Javier Gutiérrez Núñez], en Actas de la I Jornada de Historia de Llerena. Junta de Extremadura, Llerena, 2000. Págs. 163 – 172. ISBN 84 – 95251 – 43 – 4.
2001
“Llerena en la Descripción e historia general de la provincia de Extremadura ”, en Revista de Fiestas Mayores Patronales (2001), págs. 45 – 48. ISSN 1135 – 6456.
“El patrimonio monumental de Llerena a través de la historiografía artística: aproximación bibliográfica”, en Actas de la II Jornada de Historia de Llerena. Junta de Extremadura, Llerena, 2001. Págs. 203 – 221. ISBN 84 – 95251 – 59 – 0.
2002
“Notas en torno a los franciscanos de Llerena y su participación en la evangelización de América durante los siglos XVI al XVIII”, en Revista de Fiestas Mayores Patronales (2002), págs. 43 – 46. ISSN 1135 – 6456.
“Noticias en torno a la Orden de la Merced en Llerena: de la fundación del Hospicio mercedario a la instalación en el antiguo Colegio de los Jesuitas (1626 – 1791)”, en Actas de la III Jornada de Historia de Llerena. Sociedad Extremeña de Historia, Llerena, 2002. Págs. 209 – 221. ISBN 84 – 607 – 6295 – 5.
2003
“El cisma del Priorato de San Marcos de León y la extinción del Provisorato de Llerena: su repercusión en los enclaves santiaguistas de la provincia de Sevilla”, en Torre Túrdula nº 6 (enero de 2003), págs. 36 – 38.
“Notas históricas en torno a la llegada del ferrocarril a Llerena: la Compañía MZA y la línea de Sevilla a Mérida”, en Torre Túrdula nº 7 (agosto de 2003), págs. 21 – 23.
“Presencia y culto de la advocación de Nuestra Señora de la Granada en Sevilla”, en Revista de Fiestas Mayores Patronales (2003), págs. 85 – 86. ISSN 1135 – 6456.
2004
“El Hospital de San Juan de Dios de Llerena”, en Torre Túrdula nº 8 (febrero de 2004), págs. 16 – 18.
“Llerena en los textos impresos de los siglos XVII, XVIII y XIX: una bibliografía olvidada”, en Torre Túrdula nº 9 (agosto de 2004), págs. 28 – 29.
“Una aportación para el estudio de la religiosidad popular en la Llerena del siglo XVIII: la beata Isabel Manuel de la Cruz y la fundación del Rosario público”, en Revista de Fiestas Mayores Patronales (2004), págs. 27 – 30. ISSN 1135 – 6456.
“Una aportación documental para el estudio de la religiosidad popular en la Llerena del siglo XVII: la cofradía de Nuestra Señora de la Soledad a través de sus Reglas de 1650”, en Actas de las V Jornadas de Historia en Llerena. Sociedad Extremeña de Historia, Llerena, 2004. Págs. 217 – 233. ISBN 84 – 609 – 4105 – 1.
2005
“Los conversos de Llerena y el libro del Alborayque: su representación alegórica en la sillería del coro de la Catedral de Sevilla”, en Torre Túrdula nº 10 (enero de 2005), págs. 24 – 25.
“Llerena y la emigración a América durante la Edad Moderna: fundaciones de capellanías y donaciones artísticas con capital indiano (1ª parte: el siglo XVI)”, en Torre Túrdula nº 11 (julio de 2005), págs. 14 – 15.
“Los dominicos en Llerena y el desaparecido convento de San Antón: crónica de una huella perdida”, en Revista de Fiestas Mayores Patronales (2005). Págs. 43 – 46. ISSN 1135 – 6456.
“Religiosidad marginal y contrarreforma: ermitas rurales en la Llerena del siglo XVI”, en Actas de las VI Jornadas de Historia en Llerena. Marginados y minorías en la España Moderna y otros estudios sobre Extremadura. Sociedad Extremeña de Historia, Llerena, 2005. Págs. 195 – 207. ISBN 13: 978 – 84 – 611 – 0399 – 7.
2006
“Llerena y la emigración a América durante la Edad Moderna: fundaciones de capellanías y donaciones artísticas con capital indiano (2 ª parte: el siglo XVII)”, en Torre Túrdula nº 12 (enero de 2006), págs. 21 – 23.
“Un nombramiento de familiar del Santo Oficio de la Inquisición de Llerena”, en Torre Túrdula nº 13 (julio de 2006). Págs. 38 – 40.
“Documentación sobre Llerena en el Archivo Histórico Municipal de Sevilla”, en Revista de Fiestas Mayores Patronales (2006). Págs. 17 – 21. ISSN 1135 – 6456.
2007
“Documentación sobre Llerena en el archivo de la Real Chancillería de Granada”, en Revista de Fiestas Mayores Patronales (2007). Págs. 20 – 26. ISSN 1135 – 6456.
2009
“El franciscano Juan Mateo Reyes Ortiz de Tovar y los Partidos Triunfantes de la Beturia Túrdula: un ejemplo de la divulgación de la historia de Extremadura a través de la corografía regional”, en La divulgación de la Historia. Y otros estudios sobre Extremadura. (X Jornadas de Historia en Llerena). Sociedad Extremeña de Historia, Llerena, 2009. Págs. 65 – 77. ISBN 978 – 84 – 613 – 9412 – 8.
2011
“Documentación medieval sobre Llerena en el Archivo General de Simancas: el Registro General del Sello”, en Revista de Fiestas Mayores Patronales (2005). Págs. 175 – 180. ISSN 1135 – 6456.
2012
“Documentación sobre Llerena en la colección Salazar y Castro de la Real Academia de la Historia”, en Revista de Fiestas Mayores Patronales (2012), págs. 123 – 126. ISSN 1135 – 6456.

SEGURA DE LEON
2000
“Segura de León y la emigración a América: fundación de capellanías con capital indiano en el Convento de San Francisco (Cristo de la Reja) durante el siglo XVII”, en Revista de Fiestas del Santo Cristo de la Reja (2000). Sin paginar.
2002
“Notas para la historia de la ermita de Nuestra Señora de los Remedios de Segura de León: un donativo indiano en 1608”, en Revista de Fiestas del Santo Cristo de la Reja (2002). Págs. 33 – 34.
2003
“Notas en torno a los franciscanos de Segura de León y su participación en la evangelización de América durante los siglos XVI al XVIII”, en Revista de Fiestas del Santo Cristo de la Reja (2003). Págs. 40 – 41.
2004
“El mecenazgo del indiano Francisco Martínez Tinoco en la parroquia de Segura de León en el siglo XVII”, en Revista de Fiestas del Santo Cristo de la Reja (2004), págs. 37 – 39.
2005
“Pasajeros a Indias de Segura de León en el siglo XVI (1ª parte)”, en Revista de Fiestas del Santo Cristo de la Reja (2005), págs. 39 – 41.

TENTUDIA
“Aportaciones al estudio de la comarca de Tentudía: bibliografía histórico – geográfica, siglos XVIII – XIX (I y II)” [en colaboración con GUTIERREZ NUÑEZ, Francisco Javier], en Actas del I Congreso de la Memoria Colectiva de Tentudía. Monesterio, 2001. Págs. 407 – 437.

ZAFRA
1999
“Zafra a comienzos del siglo XIX, a través del Viaje a Extremadura (1801) del sevillano Justino Matute”, en Zafra y su Feria (1999). Sin paginar.
2000
“Notas para la historia del Convento del Rosario de Zafra: fundación de capellanía con capital indiano en 1640”, en Zafra y su Feria (2000). Sin paginar.
2001
“Notas en torno a los franciscanos de Zafra y su participación en la evangelización de América durante los siglos XVI al XVIII”, en Zafra y su Feria (2001). Sin paginar.
2004
“Zafra en los textos impresos de los siglos XVII y XVIII”, en Zafra y su Feria (2004). Sin paginar.
2005
“Zafra en los diccionarios histórico – geográficos (siglos XVII – XIX) (I)”, en Zafra y su Feria (2005). Sin paginar.
2006
“Zafra en los diccionarios histórico – geográficos (siglos XVII – XIX) (II)”, en Zafra y su Feria (2006). Págs. 61 – 69.
2007
“Documentación sobre Zafra en el Archivo de la Real Chancillería de Granada”, en Zafra y su Feria (2007). Págs. 87 – 90.
2008
“Semblanza de Zafra a mediados del siglo XVIII, por Ascencio de Morales”, en Zafra y su Feria (2008). Págs. 69 – 72.
2009
“En torno a un documento para la Historia del Arte en Zafra: una escultura de San Francisco de Asís del imaginero Francisco Antonio Ruiz Gijón”, en Zafra y su Feria (2009). Págs. 57 – 59.
2010
“Documentación medieval de Zafra en el Archivo General de Simancas: el Registro General del Sello”, en Zafra y su Feria (2010). Págs. 86 – 88.
2012
“Documentación sobre Zafra en la colección Salazar y Castro de la Real Academia de la Historia”, en Zafra y su Feria (2012). Págs. 117 – 122.

martes, 1 de enero de 2013

DIPUTACIÓN PROVINCIAL DE BADAJOZ

    
      Felicitamos efusivamente desde este blogs a la Diputación Provincial de Badajoz, es decir, a sus funcionarios y a D. Valentín Cortés Cabanillas, su presidente, por la acertada iniciativa de digitalizar y poner en la RED una buena parte de los archivos municipales de ciertos pueblos de la provincia, así como las Actas de las sesiones de esta institución y los Boletines conservados desde 1835.
     Entendemos que es la mejor manera de poner a disposición de la ciudadanía la Historia de la provincia y sus pueblos, especialmente de aquellos ciudadanos con inquietudes por su investigación, a quienes simplifica extraordinariamente la consulta de tan importantes fondos documentales.
     Esta magnífica disposición está iniciada, y ya en fase avanzada, pero no concluida, por lo que esperamos que culmine con éxito garantizado, pues acercar la Historia al ciudadano es una buena manera de enmendar errores del pasado y de reincidir en los aciertos o, en su ausencia, inventarlos.
     En efecto, en la página WEB de nuestra diputación, en su apartado de Cultura (barra superior) y subapartado Archivo Provincial, en la ventana que se abre en el margen izquierdo se nos presenta la oportunidad de accionar sobre el Archivo Digital.
     A partir de entonces, se nos ofrecen tres posibilidades:
- 01: Fondos públicos, que recogen las Actas de la diputación y otros documentos.
- 03: Fondos/Colecciones privadas.
- 04: Fondos municipales.
     Sin desmerecer a los anteriores, seguramente es este último apartado el más interesante, recogiendo las Actas Capitulares de numerosos pueblos, en algunos casos desde finales del XVI hasta fechas próximas a las actuales. Aunque con menos frecuencia, además se nos presenta la oportunidad de entrar en otras secciones dedicadas a las Ordenanzas Municipales, deslindes, disposiciones recibidas de la superioridad, etc.
     Interesante también, la digitalización de los boletines provinciales, otra de las posibilidades que se nos ofrece en el margen izquierdo, especialmente para acercarnos a la Historia de los pueblos en cuyos archivos sólo se recogen noticias del siglo XX (su localización es semejante a la anterior).
     Por lo contrario, una vez más, lamentamos la dificultad que entraña acceder a los fondos del Archivo Diocesano, la fuente más importante de información sobre la Historia de esta provincia. Ya está abierto el camino que deben seguir.

jueves, 20 de diciembre de 2012

MALCOCINADO Y EL BANDOLERISMO DEL SIGLO XIX

Bandoleros, según Goya 

El bandolero, salteador, proscrito o forajido era una persona armada dedicaba al robo por asalto, al pillaje, al contrabando y al secuestro. Asociados en cuadrillas, asaltaban a los viajeros y arrieros que discurrían por zonas poco transitadas.
El bandolerismo fue un mal secular y endémico en España, con un repunte extraordinario a partir de la segunda década del XIX, al incorporase a la delincuencia  las cuadrillas de guerrillerros procedentes de la Guerra de la Independencia que no encontraron acomodo en el ejército regular. De esta circunstancia deriva el tratamiento, a veces romántico, que tuvo en su época, ocultando su verdadero significado, es decir, la crueldad que intentamos explicar a través del caso que nos ocupa.
En el Boletín de la Provincia de Badajoz (órgano oficial de expresión y comunicación del gobierno, sus delegaciones provinciales y los ayuntamientos que la integraban) correspondiente al segundo cuarto del XIX,  se recogían con excesiva frecuencia anuncios de robos y órdenes de busca y captura de numerosos bandidos y asaltantes de caminos y haciendas, dando señas o descripciones de los maleantes, de los animales y de los enseres robados, así como de otras circunstancias específicas de cada caso. La frecuencia de estos anuncios era de tal magnitud, que hemos de entender que el bandidaje estaba bien asentado en nuestra provincia y sus alrededores.
 Buena prueba de ello fue el caso de las correrías de una banda organizada, respaldada y capitaneada por el alcalde de Malcocinado (Francisco Grueso) y por el secretario de su ayuntamiento (Manuel del Río), que se movía con comodidad por el entorno de este pueblo serrano, aislado y mal comunicado,  circunstancias que facilitaban sus fechorías y encubrimiento.
El pillaje de esta partida traía de cabeza a las autoridades de la provincia y atemorizado a los vecinos de los pueblos de la sierra sur badajocense, hasta que se presentó el hecho fortuito del 17 de agosto de 1850. En dicho día, unos cazadores azuagueños avistaron a varios desconocidos, que parecían acampados en un paraje recóndito de lo más abrupto de la sierra. Apostados a una prudente distancia, pudieron contar hasta seis personas, más una séptima, postrada, como si estuviese dormida.
Estaban en estas observaciones, cuando a lontananza detectaron a otras dos que, a caballo por el camino que venía desde Malcocinado, se dirigían sin titubeos en dirección al grupo vigilado. Tras saludarse, los dos jinetes descargaron de sus monturas unas alforjas que, con cierta vehemencia, fueron recogidas y vaciadas por los acampados, mientras que los recién llegados se dirigieron a aquel otro que parecía dormido, incorporándolo sin miramientos, como si le demandaran algo.
Sigilosos, los cazadores, que conocían de los numerosos actos de bandidaje cometidos por aquellos lares, incluido el secuestro de un rico hacendado cordobés, decidieron retornar a Azuaga, alarmar a sus convecinos y dar parte de lo observado a la Guardia Civil, cumpliendo así con las consignas dadas por las autoridades provinciales y locales a través de distintos bandos.


La Guardia Civil tomó inmediatamente cartas en el asunto, con notable éxito, según hemos podido detectar en las crónicas que cuentan las hazañas de este instituto armado (9º tercio de la guardia civil gcivil.tripod.com/anterior/cap42.html-historia de la Guardia Civil). En relación al caso que nos ocupa, dichas crónicas recogieron lo que sigue:
En el mes de agosto (1850) apareció en la provincia de Córdoba una cuadrilla de ladrones, la cual se extendió por Sierra Morena hacia la parte de Azuaga y Malcocinado, pertenecientes á la provincia de Badajoz. Para exterminarla hubo necesidad de reunir en el partido de Llerena diez guardias de caballería que operasen reunidos á los seis de infantería de dicho puesto. El cabo comandante del puesto de Llerena, José Martínez, desplegando la mayor actividad y celo, descubrió que estaban en complicidad con los ladrones y eran partícipes de los robos dos individuos del Ayuntamiento de Malcocinado, á los cuales puso presos y á disposición del Juzgado de Llerena. El Alcalde en el acto de prenderlo ofreció mil duros al cabo Martínez para que le dejara en libertad, que fueron rechazados con la dignidad propia de un guardia civil. Fue ascendido por tan honrosísimo comportamiento al empleo inmediato.

El 30 de agosto de 1850, D. Manuel Ceferino González, juez de primera instancia de Llerena, tras un primer informe de la Guardia Civil ya anunció la iniciación de autos sobre ciertos hechos de bandidaje que se venían produciendo en el ámbito de su jurisdicción y otras colindantes. Las pruebas recogidas apuntaban especialmente al alcalde (Francisco Grueso) y al secretario (Manuel Río) de Malcocinado, a quienes consideraba como cabecillas conniventes, protectores y ocultadores de la partida de bandoleros responsable de los actos delictivos. Dicho aviso salió publicado en el Boletín Provincial correspondiente al 8 de septiembre de dicho año, según el texto que sigue:
Días después, el 7 de septiembre, ahora con el expediente de instrucción en fase más avanzada, por aviso inserto en el boletín provincial del día 15 del mismo mes, el referido juez de Llerena emplazaba a algunos de los componentes de la partida de malhechores acaudillados por las autoridades de Malcocinado citadas, dando ciertas referencias o señales de los mismos. Es preciso indicar que, salvo el alcalde y el secretario, ninguno de los otros era natural de Malcocinado, ni de los pueblos del entorno, aunque sí señalaba el juez a esta última población como el lugar de refugio habitual y seguro de los malhechores, habilitados logística y jurídicamente por las autoridades citadas, quienes, sin pedir los informes precisos, aceptaron sus avecindamientos en la villa, proporcionándoles, además, los salvoconductos y pasaportes necesarios para que pudieran desplazarse de uno a otro lugar, como se de personas honradas se tratase. Es más, al parecer los forajidos habían sido reclutados expresamente para estos efectos por el tal Francisco Grueso que, siendo hacendado, quería fortalecer su posición con el producto de sus fechorías.
El emplazamiento al que nos referimos decía así:

Tras nuevos avances en la investigación, insiste el juez llerenense publicando el 13 de septiembre del mismo año un edicto de búsqueda y captura, edicto que vino recogido en el boletín oficial del 11 octubre. Por su redacción, entendemos que ya estaban presos los cabecillas, el alcalde y secretario que nos ocupan, pero no el resto de la partida. Por ello, en el edicto se aportaban datos o señas personales más precisas que las anteriores sobre tres de ellos, admitiendo que al menos existían otros cuatro imputados, de los que sólo se conocía sus nombres. Aprovechaba la ocasión para reclamar el buen proceder de las autoridades de los pueblos del entorno, a quienes se les conminaba a  vigilar los términos de su jurisdicción, dando cuenta de cualquier persona sospechosa.
Que sepamos, ésta fue la última intervención del juez de Llerena pues, al tratarse de un asunto de excesiva envergadura,  tomó cartas en el mismo el jefe político del gobierno de la provincia de Badajoz (antecesor de los futuros gobernadores provinciales). Éste último, a través del boletín provincial del 12 diciembre de 1850 y mediante la circular número 531, dio orden de busca y captura de numerosos malhechores, entre los que se encontraban algunos de los bandidos que nos ocupan, todos naturales de Herrera (Sevilla) y con licencia de armas y pasaportes obtenidos en Malcocinado. Textualmente, y en la parte que nos corresponde:

Hasta aquí, las referencias oficiales que hemos podido recabar sobre esta partida de bandidos. Más adelante, los periódicos de la época, con un año de retraso y seguramente con la intención de captar lectores, dieron una interpretación algo sensacionalista del asunto, mostrando simpatías por el juez de Llerena y enfatizando sobre los hechos delictivos y la participación en los mismos de personas teóricamente serias y de bien, como se le debía suponer al alcalde y secretario de Malcocinado.

Fueron muchos los periódicos de la época que se hicieron eco de los hechos descritos, cargando las tintas especialmente contra las autoridades de Malcocinado. Hemos seleccionando el texto incluido en La Época (03/08/1851), similar al que aparecía en La Esperanza (27/06/1851), ambos de Madrid. En este último decían lo que sigue:
 Del Faro Nacional del 25,  tomamos lo siguiente:
Ha llegado á nuestra noticia la notable causa formada en agosto del año próximo pasado en el juzgado de primera instancia de Llerena, contra una cuadrilla de bandidos que cometían toda clase de robos en aquel partido y en los inmediatos: El interés de esta causa y el exquisito celo que ha desplegado en ella el juez del partido, don Manuel Ceferino González, merecen que de ella demos una breve noticia a nuestros lectores.
Toda la diligencia, todo el celo que por las autoridades superiores de Badajoz y Córdoba, y por los juzgados de Fuente Ovejuna, Cazalla y Llerena se desplegaba para la captura de los malhechores que tenían en continua alarma e inquietud a todos los pueblos colindantes y enclavados en la falda de Sierra Morena se estrellaban en los bien calculados planes que había fraguado el alcalde de Malcocinado, director y jefe de aquellos.
Vehementes sospechas recaían contra el mismo y no había una evidencia casi completa de que era el patrocinador de los bandidos, pero era tal su destreza, su práctica y maestría, que frustraba todas las investigaciones
Crecía en osadía y multiplicabase a medida que sus bien calculadas disposiciones correspondían a sus planes; Dios, sin embargo, que consiente el mal temporal y no para siempre, dispuso en sus altos juicios que la perversidad de un hombre tan siniestro y perjudicial a la sociedad, se descubriese en agosto del año próximo pasado por un incidente tan casual como curioso.
No saciada la codicia del referido alcalde con haberse creado de esta manera una gran fortuna, proyectó otros medios de engrandecerse mas transcendentales y lucrativos. De acuerdo con cierto sujeto de Córdoba, resolvió apoderarse de un rico personaje de la misma ciudad, para exigir una crecida suma por su rescate. Al efecto, tomó las oportunas disposiciones y, no teniendo en Malcocinado la gente que necesitaba para tamaña empresa, mandó dos vecinos procesados y prófugos de varias cárceles que residían en este pueblo bajo su protección salir a la Olla de Málaga a avistarse con otros y convenirse, según sus instrucciones para dar el golpe acordado.
Verificose como se había dispuesto, y en un cortijo inmediato a Córdoba fue aprehendido el desgraciado don Antonio Moñino, a quien, vendándole los ojos con una badana, lo retuvieron  muchos días en su poder, intimando a sus padres que aportasen 5.000 duros por la libertad do su hijo.
Habían trascurrido varios días durante los cuales el infeliz Moñíno sufría las mayores amarguras en poder de aquellos hombres, haciendo una vida nómada por lo más escabroso de Sierra Morena y sin que bastase el celo desplegado por todas las autoridades a descubrir su paradero, hasta que quiso Dios que el 17 de agosto del año próximo pasado, saliendo a cazar varios sujetos de Azuaga, pueblo del partido de Llerena, se encontrase con los ladrones en el arroyo de un monte escabrosos siendo aquellos en número de seis y hallándose en su compañía el alcalde de Malcocinado que los llevaba víveres, todos los cuales custodiaban al Moñino en un sitio oculto e inmediato entre unas adelfas.
Los cazadores regresaron por la noche a sus pueblos donde contaron lo ocurrido, y llegando a noticia del juez de Llerena procedió en el momento, y sin levantar mano, a la formación de causa. Su primera providencia fue la prisión del alcalde de Malcocinado, la cual produjo tan felices resultados, que el desgraciado Moñino recobró su libertad en el momento, sin duda porque los bandidos que estaban asegurados de su persona se hallaban sin jefe que les dirigiera, y su intención  no debió ser nunca la de verter la sangre de un hombre inofensivo.
Tal energía desplegó el juez en esta causa, que diariamente se la veía multiplicarse; en los quince primeros días se escribieron basta 300 folios y fueron presos, con el ya citado alcalde, otros sujetos del mismo Malcocinado y reclamada la prisión de dos o tres personas de Córdoba, hecha pública la prisión del alcalde de Malcocinado con la confirmación de su causa por los Boletines Oficiales de Córdoba, Sevilla, Málaga y Badajoz, se denunciaron una multitud de robos que hasta entonces habían permanecido encubiertos bajo el tupido velo del secreto.
Esta es la famosa causa incoada en agosto del año pasado en el juzgado de primera instancia de Llerena, de que a pesar de su importancia no se había ocupado hasta ahora la prensa, siendo al propio tiempo muy extraño que al juez, don Manuel Ceferino González, que con tanto celo como pericia la siguiera basta que se le arrebató por la comisión militar de Badajoz, no se le baya dado la mas pequeña recompensa, cuando a la guardia civil, por solo ejecutar sus acertadas y eficaces providencias, se le concedieron muy justos y merecidos ascensos.

Y esto es lo que hemos podido averiguar a través de los edictos de búsqueda y captura, así como por el reflejo que tuvo en la prensa. No hemos tenido acceso al expediente judicial correspondiente, por lo que, por ahora, no podemos aportar más datos que los referidos. Sin embargo, un anuncio inserto en el boletín oficial de la provincia de Badajoz correspondiente al día 11 de agosto de 1856, nos induce a retomar el asunto.
En efecto, en el boletín citado aparece un anuncio sobre la subasta de los invernaderos del quinto de las Quemadillas perteneciente a los bienes de propio de la villa de Malcocinado, anuncio y práctica usual entre los concejos de la época, que en sí no debía tener la mayor importancia. Sin embargo, lo destacable de este anuncio reside en el hecho de que la persona que ordena su inserción era, como le correspondía en función del cargo, su alcalde, y éste respondía al nombre de Francisco Grueso, justo el mismo nombre y apellido del alcalde-bandido protagonista de lo que aquí se ha narrado.

En principio, nada que objetar al respecto. La interpretación más simple sería admitir que se trataba de otro Francisco Grueso (Vizuete, de segundo apellido), circunstancia que nada tiene que ver con lo aquí tratado.
El problema o la complicación se presentaría en el caso de que se tratara del alcalde-bandido imputado en los hechos descritos. Si así fuese, entonces cabrían dos alternativas: que en el juicio correspondiente hubiese demostrado su inocencia; o que, pese a ser condenado, se hubiese visto favorecido por alguno de los indultos tan frecuentes en esta época de tantas alternancias política y pronunciamientos.
Por ahora, no encontramos respuesta a la disyuntiva establecida, pero estaremos atentos.

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