El partido de llerena a finales del XVIII

El partido de llerena a finales del XVIII

sábado, 25 de octubre de 2014

LA ENCOMIENDA DE REINA EN LOS CENSOS Y SERVICIOS REALES DEL XVI


 

 

Los recuentos generales de vecindario en los distintos reinos, provincias y concejos de España (censos generales y padrones vecinales) son prácticamente inexistentes hasta la segunda mitad del XVIII, período al que corresponde el vecindario incluido en el Catastro de Ensenada (1752), el censo de Floridablanca (1787) y otros datos sobre vecindad recogidos en documentos de ámbito territorial más reducido, como los promovidos a instancia de la Real Audiencia de Extremadura a partir de 1791.  Del XVII, prácticamente no tenemos datos fiables, salvo algunos padrones de concejos incursos en algún pleito, expediente de deslinde, venta señorial, compra de villazgo u otros asuntos que precisasen para su resolución el conocimiento y manejo de padrones vecinales. Por fortuna, sí disponemos de ciertos censos y padrones fiables pertenecientes al XVI, que trataremos de analizar en el contexto del marco territorial de la denominada Provincia de León de la Orden de Santiago en Extremadura, centrándonos más específicamente en el concejo de Reina, los de su encomienda y otros del entorno geográfico y administrativo.

Sobre el territorio señalado, disponemos de abundantes, rutinarias e imprecisas referencias de vecindades ya desde finales del XV, gracias a los datos recogidos por los visitadores de la Orden de Santiago en sus periódicas inspecciones a las distintas encomiendas y concejos de su ámbito jurisdiccional (1494, 1598, 1515, 1575…). La imprecisión y escasa fiabilidad que le atribuimos a esta fuente se justifica por el redondeo y la reiterada repetición de vecindades en una y otra visita, limitándose a una escueta cifra dentro de extensos informes como, por ejemplo, los recogidos sobre Llerena, Mérida, Azuaga, Guadalcanal... Observen los datos de unidades familiares (no de almas, o habitantes) recogidas en algunas de las visitas efectuadas a los pueblos del marco geográfico que más nos ocupa:

Pueblos/años
1494
1498
1515
1575
Llerena
1.110
1.100
1.030
1.400
Ahillones    
101
100
100
200
Berlanga    
200
250
200
480
Las Casas 
120
150
80
160
Fuente Arco 
210
250
151
375
Reina (totales)        
240
200
120
150
Trasierra    
60
80
55
120
Valverde   
120
150
150
213
Azuaga
626
800
609
----
Guadalcanal
1.370
1.000
1.000
1.200


En realidad, lo que le interesaba a la Orden de Santiago era fiscalizar el cumplimiento de lo dispuesto en sus Reglas, Establecimientos, Leyes Capitulares y mandatos de visitas, así como controlar las rentas de vasallaje (especialmente el diezmo, ó 10% de las producciones agropecuarias) del territorio de su jurisdicción, con independencia del número de vasallos involucrados en su producción.
 

Sin embargo, otra intencionalidad bien distinta presidía en el pago de los distintos servicios reales reclamados por la Corona y la Hacienda Real (alcabalas, servicios ordinarios, extraordinarios…), carga tributaria progresivamente más exigente desde los tiempos del emperador Carlos  I de España y V de Alemania. En este caso, la citada hacienda se preocupaba de cobrar los servicios o contribuciones aprobados en Cortes y, si fuese posible, repartir la carga tributaria de la manera más equilibrada y justa entre los diferentes distritos, provincias, intendencias o tesorerías territoriales establecidas, y, dentro de cada una de ellas, entre sus distintos concejos y súbditos, procurando evitar agravios comparativos. La solución más inmediata hubiese sido la de recabar de los distintos concejos una información veraz sobre sus respectivos vecindarios o padrones, firmada por fedatario público, medida que resultaba ineficaz, pues la experiencia demostraba que estos padrones locales solían hacerse ocultando vecinos y riqueza, intentando así contribuir con la menor cantidad posible a las arcas reales. Por ello, ya en la tercera década del XVI, la Hacienda Real mandó elaborar un censo de súbditos pecheros de la Corona de Castilla, encargando este cometido a comisarios regios independientes, quienes, tras jurar el cargo y fidelidad, de dos en dos visitaron pueblo tras pueblo, testificando y elaborando sus padrones, en los que se recogía el número de fuegos o unidades familiares, y no el número de habitantes o almas (sobre 3,8 almas por unidad familiar), computando las viudas y menores como medio vecino.
A estos efectos, el territorio de la Corona de Castilla quedó distribuido en 36 intendencias, tesorerías o provincias fiscales, siendo una de ellas la denominada Provincia de León de la Orden de Santiago (señalada con el nº 19), centralizando el cobro del servicio real en Llerena. Quedaban adscritos a esta tesorería 95 entidades, que agrupaba a ciudades (como Jerez de los Caballeros y Mérida), villas (como Llerena, Reina...), lugares (como Trasierra, Fuente del Arco...) y aldeas, arrabales, socampanas, barrios o suburbios (como el arrabal extramuro de Reina o las socampanas de Higuera, Cantalgallo...). Las 95 entidades referidas quedaron integradas en 87 padrones.

De esta forma se confeccionó el Censo de Pecheros de 1528 (no se completó hasta 1536, aunque la mayoría de los padrones se elaboraron entre 1526 y 1528), también conocido como Censo del Estado General de los hombres buenos pecheros (Edición del INE, Madrid, 2008), pues se limitaba a recoger sólo el número de los súbditos implicados en el pago de los distintos servicios reales aprobados por las Cortes, quedando excluidos o exentos de la contribución a dichos servicios los dos estamentos privilegiados (nobles y clérigos). A pesar de todo, el censo en cuestión representa un estudio estadístico de vecindad de la Corona de Castilla hasta entonces inusual en la historia de la humanidad, del que quedaron excluidos los concejos pertenecientes al Señorío de Vizcaya, por estar privilegiado con un fuero fiscal específico, así como los correspondientes al Reino de Granada,  al de Navarra y al de las Islas Canarias, recientemente incorporados a la Corona de Castilla.

Su aplicación fue inmediata, pues sirvió para distribuir el servicio real de 1528, donde ya aparece la carga fiscal aplicada a cada intendencia y, dentro de éstas, a sus distintos concejos, según quedó recogido en un legajo del Archivo General de Simancas, bajo la signatura Contadurías Generales, nº 768.  En dicho legajo, aparte del Censo de Pecheros de 1528, aparece otro documento que recoge el reparto entre intendencias y concejos del servicio real correspondiente a 1541, partiendo de la referencia actualizada de los padrones de 1528, y manteniendo las 36 intendencias o tesorerías ya consideradas.

Centrándonos ya en el censo y los padrones correspondientes a la denominada Provincia de León de la Orden de Santiago, se inició su elaboración comenzando por la villa de Llerena, como centro administrativo de la tesorería que encabezaba. No obstante, es preciso adelantar que las 95 entidades establecidas aparecen repartidas en tres zonas o subdelegaciones territoriales, siguiendo seguramente costumbres basadas en la constitución y organización del propio señorío santiaguista. Se trataban de las siguientes:

- La de Llerena, con 53 inscripciones o asentamientos vecinales agrupados en 47 padrones o concejos. Aparte de los concejos específicos pertenecientes a su histórico partido (MALDONADO FERNÁNDEZ, M. “El partido de Llerena: origen y evolución hasta finales del Antiguo Régimen”, en Actas de las IV Jornadas de Historia, Llerena, 2003), se incluían entonces algunos de los concejos santiaguistas hoy enclavados en Andalucía, como Guadalcanal, Cañaveral de León o Arroyomolinos. Igualmente incluía a Villanueva del Aliscar o Liscar, Castilleja de la Cuesta y Mures o Villamanrique de la Condesa, entonces, y hoy, pertenecientes a Andalucía, quedando excluidos, por otra parte, los concejos de la encomienda de Estepa y lugares de su entorno, aunque en la fecha que nos ocupa todavía seguía esta encomienda perteneciendo a la Orden de Santiago y a su Provincia de León. En total, se censaron 17.227 pecheros en esta subdelegación.

- La ciudad de Mérida y otros asentamientos de su tierra, después (a partir de mediados del XVI) incluidos en el partido del mismo nombre de la Provincia de León de la Orden de Santiago, con 21 padrones y 3.290 vecinos pecheros censados.

-  Y la de Montánchez, su tierra y concejos de su ámbito de influencia, que más adelante también quedaron incluidos en el partido de Mérida, con 14 padrones y 1.824 pecheros.

- Más dos concejos cuyos pecheros decían estar exentos del pago de servicios reales. Nos referimos a los de la villa de Reina intramuros o de muros a dentro (para diferenciarla del Arrabal de Reina, asentamiento en el valle más próximo al castillo, que en ciertos documentos también se le identifica como Casillas de Reina), con 72 vecinos pecheros exentos, y los del concejo de la Puebla del Prior, con 83, pues esta villa es Cámara de la Iglesia de San Marcos de León.

Además de la elaboración y certificación de padrones vecinales, en el primero de los documentos que integran el legajo que nos ocupa (AGS, Contadurías Generales, leg. nº 768) los comisarios censales emitieron un breve informe sobre cada concejo, certificando las condiciones de vida de sus naturales, informe que, a nuestro entender, acometieron con poca fortuna. No dudamos sobre el hecho de que las condiciones de vida en pueblos de la ubérrima Tierra de Barros fuesen más favorables que las que regían entre los de la encomienda de Reina, por ejemplo; pero establecer diferencias significativas entre el vecindario de los concejos integrantes de esta última encomienda nos resulta poco creíble (opinaban, para el caso de Valverde de Reina, que se trataba de gente muy pobre que labra fincas ajenas de escaso rendimiento; mientras que, para el caso de Trasierra, estimaban que eran gentes que labran sus propias tierras y disfrutaban de buenas viñas y mucho ganado), especialmente si consideramos que la mayor parte de las tierras de esta encomienda, como en otras constituidas por varios concejos, pertenecían a la comunidad de pastos y otros aprovechamiento del vecindario de los concejos integrantes (MALDONADO FERNÁNDEZ, M. “Conflictos por las comunidades de pastos entre la encomienda de Reina y Llerena”, en Revista de Fiestas, Reina, 2009).

Como ya hemos indicado, el censo que nos ocupa perseguía distribuir mejor los servicios reales en años venideros, como así debió ocurrir, aplicándolo inmediatamente para repartir el servicio de 1528 y, con ciertas modificaciones, para el correspondiente a 1541. Por ello, en el documento que manejamos se contemplan dos cantidades, unas veces idénticas y otras con desviación al alta o a la baja. La primera de las cantidades citadas corresponde al pago de los servicios reales asignado en 1528 y años sucesivos; la segunda, al de 1541, aunque, por otras fuentes, sabemos que ya se aplicó en 1540.

Pues bien, los padrones de 1528, el reparto del servicio real correspondiente a éste y sucesivos años, el correspondiente a 1541 y la estimación sobre el nivel de vida en cada concejo, se resumen en las líneas que siguen:

-  El Llerena (mantenemos el nombre original de éste y de los concejos que siguen), con sus anejos de La Higuera y Canta el Gallo (no consideran a Maguilla, por razones que desconocemos, aunque las intuimos): 698 vecinos pecheros, una asignación de 69.865 mrs. en el reparto del servicio de 1528, corregida en 87.756 mrs. para el pago del servicio de 1541. Los dos últimos son anejos del primero y los pecheros de los tres son ricos labradores de tierras propias, ganaderos, mercaderes, profesionales, los más, acaudalados y algunos pobre.

- Arrabal de Reyna: 98 vecinos, una asignación de 7.083 mrs. en 1528 y 6.108 en 1541. La mayoría son trabajadores o jornaleros pobres.

- Las Casas de Reyna: 104 vecinos, una asignación de 6.258 mr. en 1528 y 9.969 en 1541.  Labran tierras propias y crían mucho ganado. Tienen cuanto necesitan.

- Balverde de Reyna: 156 vecinos, una asignación de 22.905 mrs. en 1528 y 12.099 en 1541. Gente muy pobre que labra fincas ajenas de escaso rendimiento.

- Trasierra: 108 vecinos, una asignación de 6.417 mrs. en 1528 y 9.638 en 1541. Gente que labran sus propias tierras. Buenas viñas y mucho ganado.

- Ayllones: 160 vecinos, una asignación de 19.989 mrs. en 1528 y 18.830 en 1541. Labran sus tierras y crían ganados mayor y menor. Tienen lo necesario.

- Fuente el Arco: 250 vecinos, una asignación de 25.122 mrs. en 1528 y 24.018 en 1541. La mayoría es gente rica rural y otros jornaleros muy pobres.

- Verlanga: 310 vecinos, una asignación de 28.196 mrs. en 1528 y 29.640 en 1541.Villa de labradores propietarios que tienen lo necesario.

- Açuaga: 959 vecinos, una asignación de 95.375 mrs. en 1528 y 95.375 en 1541. Villa de Labradores ricos, con viñas y ganado. Hay minas de plata. También muchos pobres.

- La Granja: 330 vecinos, una asignación de 30.000 mrs. en 1528 y 30.000 en 1541. Aldea de Azuaga. Tienen lo necesario. Hay propietarios y pobres.

- El Campillo: 225 vecinos, una asignación de 26.188 mrs. en 1528 y 21.903 en 1541. Gente necesitada con tierras pobres. Crían ganado.

- Retamal: 128 vecinos, una asignación de 12.439 mrs. en 1528 y 12.034 en 1541.Villa. Tienen escasamente para vivir. Crían ganado.

- Valençia de la Torre: 385 vecinos, una asignación de 50.324 mrs. en 1528 y 37.285 en 1541. Pierde población aunque los más son propietarios.

- Hornachos: 755 vecinos, una asignación de 90.349 mrs. en 1528 y 92.159 en 1541.Villa. Buenas fincas, mucho ganado. Hay mercaderes, en general ricos.

- Almendralejo: 508 vecinos, una asignación de 74.926 mrs. en 1528 y 83.941 en 1541. Pecheros muy ricos con tierras de mucho valor, grandes tratos comerciales y caudales en dinero y mercancías.

- Xerez de Badajoz: 918 vecinos, una asignación de 114.508  mrs. en 1528 y 110.063 en 1541. Ciudad. Todo tipo de pecheros. Ricos ganaderos, arrendadores, mercaderes, hortelanos, necesitados y pobres.

- Fuente de Cantos: 657 vecinos, una asignación de 110.590 mrs. en 1528 y 83.689 en 1541.Villa. La mayoría son braceros y jornaleros, muchos muy ricos.

- Vienvenida: 223 vecinos, una asignación de 13.703 mrs. en 1528 y 21.131 en 1541.223. Villa, gente rica que labra su propia tierra. Mucho ganado.

- Vsagre: 583 vecinos y una asignación de 76.080 en 1528 y 74.256 en 1541. Labradores y ganaderos ricos bien pertrechados.

- Guadalcanal: 1.057 vecinos, una asignación de 116.321 mrs. en 1528 y 113.291 en 1541.Villa rica en tratos y caudales. Cría de ganado y viñas.

- Mérida: 675 vecinos, una asignación indeterminada en 1528 y 62.037 mrs. en 1541. Ciudad. Son ricos y de ricos tratos y caudales.

- Puebla del Prior: 83 vecinos, una asignación de 0 mrs en 1528 y 6.900 en 1541. No dan informe sobre los vecinos exentos.

- Reina (Intramuros): 72 vecinos y una asignación de 0 mrs en 1528 y 6.000 en 1541. No dan informe sobre los vecinos exentos, a los que se les cargó su parte proporcional en 1541. Estimamos que el cargo fue simbólico, pues seguían estando exentos en el servicio aprobado en las Cortes de Córdoba (1570).

A modo de resumen:

-      Total de pecheros encuadrados en la tesorería de Llerena: 22.341

-      Vecinos de los pueblos que no pecharon: 155

-      Concejos con mayor número de pecheros: 1º Guadalcanal, 2º Azuaga, 3º Jerez de los Caballeros, 4º Hornachos, 5º Llerena y anejos, 6º Mérida...

-      Mayor confortabilidad o nivel de vida: 1º Almendralejo, 2º Castilleja…

-      Los más agraviados: 1º Valverde de Llerena, 2º La Ribera…


Sobre el Servicio Real de 1541, es preciso matizar algunos aspectos. Según relata Matías R. Martínez (“Repartimiento de maravedís hecho a la antigua provincia de Trujillo por las Cortes de Toledo en 1539”, en Revista de Extremadura, T.IV, 1899), en las citadas Cortes los procuradores aprobaron:

para ayuda de las grandes neçesidades que entonces se nos ofrecieron (decía el emperador) para la guarda e conservación destos reynos e para otras cosas muy ymportante que en las dichas Cortes se platicaron, trezientos e cuatro quentos (o millones) de mrs. (…) de los cuales se an de pagar en este presente año de quinientos e cuarenta ciento e cuatro quentos, y en cada uno de los dichos años venideros otros cient quentos de mrs.


En el artículo que nos ocupa, el autor refleja las cantidades de mrs. correspondientes a cada concejo en 1540, cifras que coinciden con el que ya hemos visto para 1541, incrementadas en un 20%, seguramente para cubrir el pico de los cuatro millones o quentos de mrs. que debía de pagarse por solo una vez, más ciertos gastos derivados. Pues bien, según el documento que manejamos, en 1540 los pecheros de la villa intramuros de Reyna también venían cargados con los mrs. correspondientes, aunque su cobro quedó aplazado hasta resolver un pleito que sus vecinos venían manteniendo con la Hacienda Real. Textualmente:

…a vos, el concejo de la villa de Reyna de los muros adentro, sin perjuicio de qualquier  previlegio u otro cualquier derechoque pretendays tener para no pagar en el dicho servicio, seys mill e seysciento mrs, los quales mandamos que se suspendan de cobrar hasta tanto que se vea el pleyto que sobre ello se trata o se mande otra cosa en contrario…


No cabe duda, que los reinenses moradores en la alcazaba estaban dispuestos a defender sus privilegios, manteniendo durante el XVI una recurrente divergencia con la Hacienda Real. Sobre el origen de este privilegio, ya nos hemos ocupado en otras ocasiones, recogiendo el parecer de Chaves  en el folio 115 de su conocido Apuntamiento:

...en tiempos de dicho último Maestre, a los 31 de Agosto de 1475 en la confirmación de los Privilegios de Reina, para remunerar los señalados servicios que aquel concejo había hecho, y hacía, en reparar el Castillo y guardarlo, se le concedió exención de Pedidos, Martiniegas, Calzas y Yantares; previniendo que esta Carta se asentase en los libros; y añadiéndose que los Caballeros de Quantía no estuviesen obligados a tener caballo, sino es tan solamente armas; lo cual fue confirmado en el Capítulo General, a 15 de Mayo de 1480...

Y buscando esta exención fiscal, los vecinos mayores hacendados de la villa de Reina decidieron tener casa de morada abierta intramuros de su alcazaba, mientras la mayoría del vecindario fue paulatinamente asentándose en el valle más próximo, que ofrecía más confortabilidad, si bien las casas capitulares y la parroquia seguían localizadas intramuros del castillo, en lo más alto del Cerro de las Nieves.
 

La situación descrita volvió a presentarse en sucesivos repartos de servicios reales del XVI como, por ejemplo, en el aprobado durante las Cortes de 1570, celebradas en Córdoba. En efecto, en el reparto de dicho servicio entre los concejos de la tesorería de Llerena se le imputaron 18.150 mrs. al conjunto de los vecinos asentados en el Arrabal de Reyna, recogiendo lo que sigue cuando se referían a los reinenses moradores en el Castillo:

A vos, el concejo de la villa de Reyna, de muros adentro, sin perjuicio de cualquier privilegio de no tener que pagar el dicho servicio, se carga con 12.550 maravedíes, los cuales mando que se suspendan de cobrar hasta tanto que se vea el pleito que sobre ello se trata ante mis contadores mayores...

El censo y los padrones referidos estuvieron en vigor hasta 1590, fecha en la que se procedió a un nuevo recuento de vecinos con miras a distribuir el primer servicio de Millones o servicio extraordinario de 8 millones de ducados (88 millones de reales, es decir, unos 3.000 millones de maravedíes, cuando el jornal diario sólo suponía unos 30 ó 40 maravedíes), entendiendo los señores del Consejo de Hacienda que  el censo de 1528 había quedado obsoleto. El pago del citado servicio de millones se efectuaría en seis plazos consecutivos, a liquidar por los concejos entre el segundo semestre de 1590 y el primero de 1596. En principio, para la paga de primer semestre de 1590 acordaron inicialmente encabezar con unos 18 millones de maravedíes a la provincia de Salamanca.

Tomamos la referencia salmantina porque el territorio extremeño quedó entonces incorporado en la citada provincia, en la que se diferenciaban tres partidos fiscales: el de Salamanca, con una circunscripción territorial que se aproximaba al de su actual provincia; el de Llerena, en el que se encuadraba la totalidad de los pueblos santiaguistas en la denominada Provincia de León de la Orden de Santiago, con Mérida, Llerena, Azuaga y Guadalcanal como núcleos urbanos de mayor entidad vecinal; y el de Trujillo, al que quedaban adscritos el resto de los actuales pueblos de Extremadura, incluyendo a Cáceres, Badajoz, Plasencia y Coria, como núcleos más importante de población.

De los 18 millones de maravedíes que en el reparto sobre pecheros le correspondieron a la provincia de Salamanca, 3.270.270 de ellos fueron asignados a los pecheros de la Provincia de León de la Orden de Santiago en la actual Extremadura, aparte los 467.000 que tenían que afrontar los miembros de la nobleza en estos territorios santiaguistas, o los 15.000 asignados al clero de su priorato, pues en los servicios de millones contribuían pecheros, nobles y clérigos.

El número de vecinos, o de unidades familiares, en cada uno de los pueblos santiaguistas que más nos ocupan, se recoge en la tabla que sigue:


Pueblos censados
Pecheros en 1528
Vecindad total en 1591: pecheros-hidalgos-clero secular-clero regular
Llerena y anejos
698
2.066: 1.959-34-57-16
Reina total
98+53
 174: 170-2-2-0
Casas de Reina
104
 181: 139-39-3-0
Valverde Reina
156
 232: 230-0-2-0
Trasierra
108
 174: 171-2-1-0
Ahillones
160
 315: 311-2-2-0
Fuente del Arco
250
 265: 244-14-7-0
Berlanga
310
 557: 551-0-6-0
Azuaga
959
 1.208: 1.169-23-15-1
Granja de Thsa.
330
 466: 460-0-6-0
Hornachos
755
 1.063: 1.054-5-4-0
Jerez
918
1.963: 1.677-200-74-12
Usagre
593
625: 589-19-15-2
Guadalcanal
1057
1.055: 993-35-27 -0
Mérida
675
1.213: 1.058-106-39-10


Como se aprecia en la tabla que precede, ambos recuento (1528 y 1591) no son exactamente comparables, pues el primero recoge sólo pecheros, mientras que el segundo afectaba a todos los súbditos, con independencia de su fuero. No obstante, los agentes censales de 1591 tuvieron a bien distribuir por estado a los súbditos (pecheros, hidalgos, clero…), circunstancia que nos permite apreciar la evolución del vecindario entre ambas fechas, si sólo comparamos las cifras enmarcadas en negrita, que corresponden al número de pecheros en uno y otro censo.
En cuanto al servicio adjudicado a cada concejo, cada unidad familiar de pechero quedó afectada por unos 100 maravedíes para la primera paga en 1590 y otros tantos para cada una de las cinco restantes. En total, unos 600 maravedíes aproximadamente, es decir, entre 15 ó 20 jornales. Sin embargo, ningún vecino pagó directamente un solo maravedí, pues se determinó que los concejos afrontaran el pago del vecindario, para lo cual decidieron arrendar parte de las tierras concejiles y aplicar sisas o recargos sobre el consumo de los alimentos básicos, todo ello tras la facultad real correspondiente.

miércoles, 8 de octubre de 2014

LA PIEDRA JEROGLÍFICO APARECIDA EN LA ERMITA DE LA VIRGEN DEL ARA



    Poco podemos añadir a lo ya conocido sobre la Ermita de la Virgen del Ara. En lo que aquí más nos ocupa, se trata de un paraje y ermita, cuya titular ha sido y es objeto de la devoción popular entre los vecinos de los pueblos de la Encomienda de Reina y zonas limítrofes. Allí, según las fuentes arqueológicas consultadas, se localizan restos de civilizaciones anteriores, entre ellas la romana.
     A finales del XV, el paraje que nos ocupa (incluido en el baldío de la Jayona), con una extensión aproximada de 120 fanegas, pertenecía a los bienes raíces del Convento de San Marcos de León, monasterio ubicado en las proximidades de esta última ciudad y sede oficial de la máxima autoridad santiaguista, el Prior.
    Desconocemos desde qué fechas pertenecía el citado paraje al convento de San Marcos y si en ese momento ya existía la ermita. Sí sabemos que, a finales del XV, la ermita ya funcionaba como centro de culto popular, reinando entre los comarcanos la devoción a la Señora del Ara.
    Pues bien, a mediados del XVI, el anticuario Juan Alonso Franco tenía entre sus objetos antiguos un libro en el que se mencionaba y aparecía el dibujo de una piedra jeroglífica con caracteres romanos, que había sido encontrada en el subsuelo de la Ermita del Ara. En cualquier caso, la piedra jeroglífica no estaba localizada por aquellas fechas; sólo se daban noticias de su existencia en un libro perteneciente al citado anticuario.


     El autor del relato, F. L. G., (sólo aparecen estas siglas firmando un artículo sobre el asunto que nos ocupa, publicado en la revista Semanario Pintoresco Español, edición de 21 de mayo de 1854) cuestiona la existencia de la piedra en sí, además de la interpretación del jeroglífico que contenía, según el siguiente texto:
NOTICIA INÉDITA DEL SEÑ0R JUAN ALONSO FRANCO, ANTICUARIO DEL SIGLO XVI
    Se sabía que Juan Alonso Franco había sido discípulo y colaborador de Ambrosio de Morales; mas sus obras no se conocían, cuando al venir yo en 1833 a la ciudad de Coria, vi un libro en folio, bastante abultado, manuscrito y compuesto todo de letra del referido Franco, excepto algunas cartas escritas por Ambrosio de Morales, Martin Pérez de Oliva, el Dr. Sepúlveda, el flamenco Joaquín Hopero, y Gaspar de Castro, beneficiado de Ledesma y gran anticuario. El dueño de este libro, que antes de saber por mí lo que era no hacía caso de él, después no quiso vendérmelo, cambiármelo, dármelo, enviarlo a mí costa a la Academia de la Historia, ni nada más que permitirme sacar una copia, que conservo de su mayor y mejor parte, que es la que trata de las antigüedades romano-hispanas. En este libro pues se contiene la memoria siguiente de un jeroglífico romano hallado cerca de Llerena, cuya noticia creo inédita: al menos no la he visto en ningún libro.
    Por supuesto que fuera de la carta de Gaspar de Castro, que es de letra de este, lo demás todo está de puño de Franco: dice la memoria así:
«En Santa María del Ara, dos leguas de Llerena, en una piedra grande, que tiene tres varas de largo, dos de ancho y más de una de alto, están estas figuras y debajo este letrero:


    Lo que acá se entiende de las figuras o jeroglíficos y letras, es esto: los ojos, Diis (a los Dioses): el infierno, manibus (manes): el uso, mors (la muerte): el candil, vítae (de la vida): las saetas, contraría et velocissima (contraria y velocisima): el mundo, omnia (todo): el ancora, rapit (lo arrebata): el fuego, consumit (consume): el cuchillo, dissolvit (disuelve): la suela, suppedilat (huella): la abeja, meliflue (con suavidad): dúos se strictim ardentes et amantes (á los que estrechamente se abrasaban y amaban): el sepulcro, hic extinctos (aquí muertos): el yugo, conjunxit (los juntó).
    Muy noble señor: Todavía tengo sospecha de que es finjido aquel epitafio de Santa María del Ara, y no caresceré della hasta que me conste de lo contrario, y si verdad es que se halla tal memoria antigua, debe ser tenida por la cosa de más estima que en esta provincia ha quedado de los romanos. La letra que v. m. me envió, conforma más con las figuras o letras hieroglíficas del epitafio que no la que yo hube de Cáceres, y con esta diversidad, y con haberla enviado el Sr. Inquisidor sin hacer mención de las figuras, me confirmo más en mi sospecha, de la cual pretenda salir pronto, mediante Dios. La epístola de Vespasiano, y el letrero del termino angustial envío, y si antes dé la partida de v. m. nos viéremos, yo llevaré algunas otras cosas. De la ida del Sr. Antonio de Molina á Osma no tengo envidia…. Ledesma 7de abril de 1551. —Servidor de v. m. —Gaspar de Castro. —Al muy noble señor mi señor el Sr. Juan Alonso Franco en Salamanca.»
    Hasta aquí la memoria referida, y que nada tengo que añadir, y que juzgo preciosa para los aficionados a jeroglíficos y a las antigüedades.
F. L. G.

lunes, 29 de septiembre de 2014

CARRACHITO Y ANTOÑETE, DOS TOREROS DE CASAS DE REINA Y TRASIERRA


 
Fotografía de la colección de Juli Ibáñez Venegas

Joaquín Fernández, “Carrachito”, y Antonio Maldonado Millán, “Antoñete”,  han destacado por su afición a los toros, actuando como novilleros durante varias temporadas.
 
 
 
( Fotografía de la colección de Juli Ibáñez Venegas)

El primero, nacido en Casas de Reina y casado con una traserreña, ejerció como tal a principios del siglo XX, aprovechando el escaso tirón tauromáquico que aún existía por esas fechas en  Llerena, en el viejo y ya maltrecho coso de Cuatro Caminos, en las proximidades de Puerta de la Aurora.
 
 

“Antoñete”, de padre traserreño (Fernando Maldonado Maldonado) y madre caserreña (María Millán Cabezas, la de alforjita), nació en Barcelona, en 1943, desarrollando su actividad taurina cincuenta años después que el anterior.

De ninguna manera pretendemos constituirnos en biógrafo de los toreros citados, pues carecemos de la afición, los conocimientos y las fuentes precisas para ello; sólo se pretende recordarles en su faceta artística.

Al hilo de esta cuestión, como estudioso de la Historia de Llerena y pueblos de su entorno, si hemos tenido la oportunidad de constatar la importante afición que por las fiestas reales de toro existió en Llerena, con frecuentes festejos taurinos entre los siglos XVI y principios del XX.

En efecto, en los fondos documentales del Archivo Municipal de Llerena nos encontramos con numerosas referencias sobre los festejos celebrados en su magnífica Plaza Pública, rodeada de los balcones y arcos que hoy seguimos observando. Más adelante, en fecha imprecisa del XIX, se construyó el citado coso de las proximidades de Puerta Aurora, en el que a principios del XX tuvo la oportunidad de exhibirse nuestro “Carrachito”.

Hoy, a principios del XXI, parece reverdecer nuestra zona el interés por la tauromaquia al abrigo de la nueva generación de toreros llerenenses y de la nueva plaza que por estos días se ha inaugurado en el ejido de las Piedras Baratas, coso taurino también llamado auditorio o edificio multiuso.

(Fotografía de la colección de Juli Ibáñez Venegas)

Volviendo a nuestros toreros, sobre “Carrachito” hemos tenido la oportunidad de consultar varias crónicas taurinas sobre sendas intervenciones en el coso llerenense de Puerta Aurora, como la su debut en la víspera de las fiestas de la Granada en 1908, tarde en la que mostró arrojo, pero sólo eso a juicio del cronista del La Región Extremeña (diario republicano) en su edición del 20 de Agosto del citado año. La crónica decía lo que sigue:



            Carrachito en Cádiz (Fot. de la colección de Juli Ibáñez)

Al parecer, mejoró “Carrachito” en su arte y sapiencia taurina, como se demuestra con esta otra intervención en el coso llerenense, justo cuatro años después, también recogida en el diario citado, edición del 20 de agosto de 1912. La crónica decía así:

 
 
 
                    Carrachito (Fot. de la colección de Juli Ibáñez)
 


    Ésta fue la plaza de toros de Llerena que conoció Carrachito:



 

Sobre “Antoñete” no hemos podido localizar las crónicas correspondientes a sus distintas intervenciones, pues en su época (década de los sesenta) estos acontecimientos localistas no tenían la repercusión mediática que a principios del XX. Por la relación de familiaridad que me une con este otro torero, sabemos que intervino en distintas plazas catalanas, castellanas y andaluzas (en alguna ocasión compartió cartel con el malogrado Francisco Rivera, Paquirri, en una novillada celebrada en el Puerto de Santa María), aparte de las capeas de sus inicios, teniendo la oportunidad  de verlo en acción en Cantalgallo y Casas de Reina.

 

domingo, 20 de julio de 2014

TRASIERRA: FIESTA DE SAN ANTONIO EN 1925



 
 

 

Pocos días después de las fiestas patronales de 1925, el corresponsal de Trasierra en el diario de Badajoz redactó una crónica alusiva a las mismas. Se trataba de Manuel Morillas Garrido, uno de los hijos de la histórica maestra de Trasierra, doña Elena Garrido, casada con Manuel Morillas, carpintero de oficio. Este matrimonio llegó a nuestra localidad a finales de la segunda década del pasado siglo, instalándose en la vivienda señalada con el número 16 de la actual calle de la Seda, precisamente en el domicilio familiar del improvisado cronista que ahora lo recoge en estas páginas. Se trataba de una familia culta por oficio pues, al margen de Doña Elena, sus hijos (José, Manuel, Enrique y Elena) también ejercieron el magisterio por este y otros pueblos del contorno. En concreto, José fue maestro y alcalde de Trasierra, Elena ejerció como maestra de Granja y Manuel, nuestro culto cronista y corresponsal, en la vecina localidad de Fuente del Arco, villa hermana donde prematuramente falleció el 16 de enero de 1926, pocos meses después de firmar esta crónica. Antes de sorprenderle la muerte tuvo la oportunidad de dejar numerosas crónicas sobre Trasierra en distintos periódicos de la época, dando noticias de la vida social y de las distintas festividades locales (San Antonio, Fiesta de la Flor, Candelaria, el Cristo, los Cristos...)
            En esta ocasión, en su memoria y agradecimiento, transcribo textualmente su crónica sobre las fiestas de San Antonio en 1925, que decía así:
            El 13 de los corrientes se celebró en este pueblo con toda solemnidad y entusiasmo San Antonio. Ya en el día anterior, las campanas de la parroquia y los cohetes preludiaban las fiestas como preparando los ánimos para el día siguiente.
            Llegado el día, en las primeras horas de la mañana volvieron a sentirse campanas y cohetes para convocar al pueblo en el templo. Una banda de música (la de Llerena) amenizadora de las fiestas , recorría las calles con un alegre pasodoble.
            Predispuestos los ánimos nos dirigimos al templo, lugar donde se celebran los actos del día. Reunido casi todo el pueblo, se procedió a formar la procesión, compuesta por el estandarte de la Cruz, en primer termino; después interminable fila de fieles pertenecientes al género femenino ponían la nota pública de los pueblos pequeños en este caso, cual es ese raro e inarmónico conjunto de la indumentaria lujosa y varia de color; luego el Santo, las autoridades y la banda de música, que rompió eses monótono silencio que otras veces nos ha envuelto en este mismo caso. En el trayecto abundaron los cohetes y las salvas (advierto a quien corresponda que esa manera de echar la salva es brutal e imprudente, pues ya ha habido que lamentar perjuicio de consideración)
Recorrido el pueblo y de regreso al punto de partida, comenzó la misa; nuestro virtuoso párroco D. Santos Velázquez cantó magistralmente, oficiando el coro de ángeles que dirige el organista Sr. Hernando. En el ofertorio se cantó el hermoso himno de San Antonio
       Ocupado el púlpito por el párroco, este ensalzó la vida de San Antonio, en un sentido y elocuente panegírico. Al elevar el cáliz, la banda interpretó la Marcha Real, poniendo en nosotros una gran emoción religiosa.
         Terminada la misa, seguía el refresco para el que fuimos invitado y en unión de las autoridades, músicos y público nos dirigimos a la casa donde habría de tener lugar. Allí, el patrón de la fiesta, D. Antonio Rodríguez (Margallo), al que felicitamos, estuvo muy deferente con todo el mundo, ofreciendo un delicioso lunch; entre tanto, la banda de música hizo lo que pudo.
        Al terminar el refresco nos sorprendieron unas deliciosas parejitas preciosamente engalanadas con mantones de Manila y altas peinetas; llevaban un cestito con flores que prendían en la solapas de los hombres; la fiesta de la flor se celebraba aquel mismo día previo acuerdo de las autoridades con el laudable fin de unir lo recaudado a otra cantidad que el ayuntamiento designará y hacer una limosna de pan a los pobres el día de Santa Marta, patrona del pueblo. Unas bellas señoritas de esta localidad fueron las encargadas de premiar con una flor, a guisa de condecoración, el generoso desprendimiento de cuantos se tropezaban. Recorrieron todo el pueblo distribuidas en tres parejas: Carmen Murillo y Teodora Jiménez, Elena Morillas y Dolores de la Rosa, y  Dolores y Rafaela Burgos; todas muy simpáticas y rayando a gran altura en el desempeño de su cometido, llamando la especialmente la atención las señoritas Burgos por la igualdad y gallardía de sus tipos árabes, por sus ojos soñadores que verdaderamente sugestionaban etc., etc.


(Mocitas de Trasierra en 1928. Entre otras, reconocemos a Remigia Maldonado, Felipa Jiménez, Eulalia Jiménez, Dolores de la Rosa...)
 
Por la tarde, muy temprano, comenzaron los bailes durando toda la noche y en los que era materialmente imposible estar ni de pie. Allí se sudaba tinta; las parejas no se distinguían; todo era una masa compacta que parecía nadar en una charca de sudor !Ay Terpsícodes, con qué fanatismo te rendían culto¡
         El segundo día (son tres días de celebración) también hubo celebración religiosa por la mañana y por la noche bailes, y más bailes.
        El tercero, aunque no hubo función religiosa, los bailes no faltaron con el mismo entusiasmo que el primer día !La juventud es incansable¡ Así terminó la fiesta: con bailes.
        Sigue la crónica de Manuel Morillas con el siguiente comentario:
        Desde tiempo inmemorial se viene celebrando San Antonio en este pueblo. Es la más celebrada de todas las fiestas; el pueblo guarda para ella todas sus fuerzas, todo su entusiasmo, todo el lujo y todo lo que pueda contribuir para darle realce. Las jóvenes en expectación de destino cifran en ese día todas sus esperanzas. Los mozos, elegantemente almidonados, se disponen a “echar el rucho” (palabras textuales de un mozo).
            Pues bien, de poco tiempo a esta parte se viene notando cierto retraimiento en la celebración de la misma; es decir, que tiene tendencia a decaer, cosa que no debe ocurrir, siquiera por consideración y en honor al glorioso santo, tan venerado por las pasadas generaciones de este pueblo. Ahora bien, la Hermandad de San Antonio está compuesta hoy por elementos faltos de ese entusiasmo que hace falta para llevar a cabo para llevar la empresa. Ese entusiasmo impera únicamente en la juventud; por tanto, ella es la llamada a contribuir.
          Yo, desde esta columna a los jóvenes me dirijo para que, reaccionando contra tal decaimiento formen ello una asociación o Hermandad  llamada Juventud Antoniana. Esta idea, iniciada en este pueblo por nuestro digno párroco me parece muy laudable, y que esta fiesta del 13 de junio, lejos de desaparecer, tome más impulso, con lo cual el pueblo habrá dado un gran paso en el aspecto moral. Debe hacerse además por respeto a la tradición y como antes digo, en honor y agradecimiento al Santo patrón que tanto hace por la juventud.



 
           (Corporación municipal en 1928)
        En cuanto a la simpática Fiesta de la Flor celebrada por primera vez en este pueblo, me ha parecido digna de todo elogio, dado su laudable fin. Felicito a todos cuanto han contribuido, especialmente a las tres parejas de beldades que postularon, pues además de ser la nota más simpática de la fiesta por sus méritos físicos, pusieron a contribución su corazón magnánimo, que , influido por el más elevado altruismo y por la más ferviente caridad cristiana, constituyeron el rasgo más humanitario y de mejores sentimiento que en este pueblo se ha conocido. Sigan las jóvenes por este camino de la más pura y elevada moral, pues Dios admite en este reino a todo aquel que, como vosotras, cumple una de la más grande obra de misericordia: dar de comer al hambriento.
          Finaliza su crónica dando otras noticias sobre el pueblo, bajo el epígrafe de Viajeros: Después de haber cursado el primer curso de Magisterio y obtener brillantes notas en los exámenes correspondientes, ha regresado de Granada el aprovechado estudiante y estimado amigo nuestro, Don Facundo Frieros Murillo. Mi más cordial enhorabuena (Facundo era tío carnal de Manuel Gato Frieros (alias Flecha), y por aquellas fechas estudiante en el colegio del Ave María de Granada, una institución modélica fundada por el Padre Manjón, donde también tuvimos la suerte de estudiar don Antonio Carrascal Espino, don Agustín Jiménez Jiménez y el cronista que os escribe)
           De Alcázar de San Juan vino a pasar la festividad de San Antonio la respetable señora Doña Amparo Sáenz (antigua maestra de Trasierra y tía carnal de Ángel Maldonado Sáenz, el histórico barbero de Trasierra ) con sus preciosas hijas Sacramento e Isabel. También ha regresado de Sevilla después de pasar allí un larga temporada, la joven Cipriana Burgos Alcuescar. Sean bienvenidos.
Trasierra, 18/06/1925.
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